Un fantasma recorre el mundo, el fantasma de la ultraderecha que, a los gritos de Libertad, Libertad, enardece las masas y reclama la unión mundial en una nueva cruzada: ultraderechistas del mundo entero, uníos.
El fantasma de las dictaduras de todo pelo abriendo nuevas cárceles para encerrar el dolor y los gritos de justicia.
El fantasma de los piececitos de 36 millones y medio de niños y niñas, desplazados del mundo entero cruzando el infierno de la selva del Darién para escapar del hambre, las ruinas de Ucrania y Gaza, para escapar de las bombas, sin contar los que yacen en las calles de Nueva York, de París, de Ciudad de México, acurrucados en su hambre y sus sueños sentados en el suelo, sus espaldas recostadas contra los muros, sus tristes ojos, su tímida sonrisa, esperando una limosna en un vacío vaso de café.
Un fantasma recorre el mundo, el de una mala educación, cuando no ninguna, en las escuelas para niños pobres, esa masa cuyo valor es mínimo, esa masa de niños condenados a alimentar las fauces de las corporaciones, las arcas de los millonarios y multimillonarios, esa masa de la cual se requiere la fuerza bruta, y brutos hay que mantenerlos. Ello en las escuelas de su barrio o las escuelas de los barrios en que usted no quiere vivir.
Un fantasma recorre el mundo, la pérdida de una caricia, de una mano tendida, reemplazada por tres chauchas para caridad al redondear el importe de su compra en el supermercado evitando el tener que mirar al necesitado.
Un fantasma recorre el mundo. Vivimos tiempos en los cuales solamente en tiempos de fiestas, de iglesias, templos, sinagogas iluminadas, vitrinas brillando, ofreciendo felicidad de pacotilla, o aumentando dolor en el alma del niño o niña que sueña con un futuro que le será negado, mientras las luces ocultan su miseria, nos acordamos de los 36 millones y medio de los niños desplazados de este mundo, nuestro mundo, perro mundo.
Un día recorrí el mundo lleno de esperanzas, hoy, viejo, mi corazón herido, intento expresar el dolor del mundo en mis versos, antes de salir nuevamente a caminar por el Darién, temblar en Gaza y Ucrania, ahogarme en el Río Grande, pedirles a ellos, los míos, me abran un espacio junto a ellos para sentarme nuevamente al pie de los muros, antes de que detengan su marcha, mi marcha, nuestra marcha.
*Gustavo Gac-Artigas. Poeta, novelista, dramaturgo y hombre de teatro chileno. Miembro del PEN Chile, correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE).


























