EDITORIAL
En el condado de Queens, uno de los de mayor diversidad étnica y cultural a nivel nacional, se celebran anualmente torneos deportivos mundialmente famosos, como el Abierto de Tenis de Estados Unidos, US Open, pero los fanáticos del fútbol, hasta la fecha no tienen un estadio profesional para el llamado deporte rey.
Queens tiene varios estadios, los cuales atraen la presencia de audiencias y de la prensa local, nacional e internacional, hacia un área tradicionalmente fuera del lente de los medios y del turismo de la ciudad, que durante décadas ha acentuado el monopolio de recursos y flujos turísticos, únicamente hacia ciertas zonas de Manhattan.
Después de más de una década, -realmente la idea surgió durante la administración Bloomberg-, se ve una luz para un proyecto largamente esperado por los fanáticos del fútbol de todas las nacionalidades que residen en Nueva York y para el club bandera de la ciudad, el New York City Football Club (NYCFC), cuyo elegante emblema es una creación del artista latinoamericano Rafael Esquer.
Como saben los fanáticos del fútbol, el NYCFC ha estado buscando un hogar permanente desde su creación y finalmente, después de más de una década, cuando parece que este sueño de miles de aficionados encuentra una luz, surge una controversia que por los argumentos que mantiene, al parecer tiene un trasfondo político y responde a rivalidades, que no competen ni benefician a una gran comunidad futbolera, que durante más de medio siglo ha esperado por su estadio de fútbol.
El propio equipo, aún antes del inicio de su primer partido, ha estado buscando casa y en ese proceso ha estado utilizando prestado para sus practicas y encuentros deportivos, otros estadios, primero el estadio de los Yankees en El Bronx y actualmente el Citi Field, del equipo de beisbol Mets en Queens. Igualmente, los aficionados al más popular de todos los deportes del mundo, quienes para partidos de equipos locales y encuentros internacionales, deben viajar incluso a otros estados. Por ello Marty Edelman, vicepresidente del NYCFC dijo: “Es más o menos una fantasía, porque hemos sido inquilinos itinerantes en varios espacios diferentes. Creo que nuestros fanáticos necesitan un GPS diferente cada semana, para saber a dónde van a vernos jugar”.
Como ha reiterado el alcalde Adams, tercer burgomaestre en lidiar con la búsqueda de una casa para el equipo de fútbol de la ciudad, "Tenemos una oportunidad única en esta generación, de crear un vecindario completamente nuevo, un Willets Point que ofrece una oportunidad real para los trabajadores y para todos los neoyorquinos".
No se puede negar la necesidad de generar proyectos de vivienda popular y para ello hay varias áreas en la ciudad para construir hogares accequibles para la clase trabajadora, sin embargo todos los elementos de juicio apuntan a que después de una larga búsqueda y de innumerables intentos, finalmente la ciudad y sus comunidades amantes del fútbol, han encontrado un hogar en donde el estadio es el corazón de un complejo que generara incontables recursos para la zona y para toda la ciudad, la cual finalmente se enriquece con mayores atractivos en todos sus condados.
La construcción del nuevo estadio es no solamente una opción innovadora, creativa y vanguardista, que hace honor al deporte más popular del planeta, además es un acto de justicia hacia las comunidades latinas de larga presencia en Corona y pioneras del establecimiento de ese deporte, que es una de las formas mas efectivas para mantener alejadas a la niñez, a la juventud y a las comunidades inmigrantes alejadas de vicios destructivos.
El fútbol es la principal actividad recreativa de los latinos en la ciudad. Ecuatorianos, colombianos, mexicanos, peruanos, argentinos, uruguayos, bolivianos, chilenos, adiáticos, africanos, etc., son fanáticos del llamado deporte rey. ¿Acaso no tienen estas comunidades derecho a un estadio digno para su deporte más querido? ¿Solo tienen derecho de estar representados y servidos los fanáticos del elitista tenis, del béisbol y del fútbol americano? ¿Dónde está el sentido de justicia con las demás comunidades?
Si bien las comunidades caribeñas prefieren el béisbol, ya hay varios estadios para ese deporte, pero en una ciudad donde se lucha diariamente por hacer justicia para todos, la mayoría de latinos confían en que las autoridades respalden un proyecto deseado durante muchas décadas, este es el momento de hacer justicia.
La construcción del nuevo estadio, ha generado controversia debido a las acciones comandadas por el exconcejal Hiram Monserrat, quien está organizando reuniones para oponerse al proyecto, que ha por otro lado, ha tenido apoyo del actual concejal del distrito 21, Francisco Moya, quien ha respaldado a algunos de sus contendientes en la arena política, pero ese es un asunto por el cual la comunidad no tiene por qué pagar ni ser involucrada.
A diferencia de muchos acuerdos de estadios, incluido uno para los Buffalo Bills negociado recientemente por la gobernadora Kathy Hochul, que incluyó casi $900 millones en fondos públicos, los funcionarios de la ciudad dijeron que los subsidios para el nuevo estadio en Willet Point, se limitan en gran medida a mejoras de infraestructura en el sitio y exenciones de impuestos a la propiedad para el estadio.
La búsqueda del New York City Football Club de un hogar permanente comenzó en 2012, tres años antes de que el equipo jugara su primer partido. En los últimos meses de la administración Bloomberg, se realizaban conversaciones para construir un estadio en medio de Flushing Meadows Corona Park. Esos planes fueron descarrilados por políticos locales y defensores de los parques, que se opusieron a dar terrenos verdes escasos y muy utilizados, a un equipo que podría permitirse construir en otro lugar. Los Mets también se opusieron, exigiendo que se pague por dejar que los fanáticos del fútbol se estacionen en los lotes alrededor de Citi Field.
Es un gran logro haber conseguido que finalmente el fútbol encuentre un lugar digno y las rencillas personales de un individuo, no deberían ser una pretexto para buscarle las cinco patas al gato y privar a miles de neoyorquinos de un sueño hecho realidad, que es ante todo un acto de justicia.


























