Leí esta mañana en un artículo de opinión en el “New York Times” que los demócratas deben adoptar la política del miedo para ganar, sobre todo en lo que respecta a la pérdida del derecho al aborto.
Todos, señala el artículo deben estar aterrorizados, la consecuencia de esta pérdida puede expandirse a todos los estados. No deben escatimar en promesas, ello les da una razón para hacer campaña sobre todo en los estados en que sus candidatos se arriesgan a perder, o la diferencia es muy pequeña contra sus contrincantes.
Reflejo de esta política la escuché de labios del presidente Biden, al firmar un decreto, o algo similar, con respecto a los derechos al aborto, levantando la voz, mostrando indignación, llamando reiteradamente a votar, a votar, a votar; llamando a las mujeres a votar, son mayoría, defiendan sus derechos.
Tras el discurso, que extrañamente sonaba más a campaña electoral, a promesas en lugar de derechos, se escuchaba a sotto voce, defiendan lo que nosotros no supimos defender, y un acto electoral no es exactamente un acto presidencial, y pierde fuerza.
La política del miedo puede movilizar, pero no asegura el triunfo. En Chile, la derecha utilizó la política del miedo contra el hoy presidente Boric, los partidarios de la dictadura utilizaron la política del miedo para intentar detener el “no”, ese “no” que podía poner término a la dictadura, y ambos fracasaron.
Hoy, en Chile, los nostálgicos, la derecha, una izquierda ficticia jugando la política del miedo intentan hacer rechazar el proyecto de nueva constitución, aquella que quiere liberarse de las amarras del pasado, y esta vez puede que triunfen.
Regresando a los Estados Unidos, concluía el susodicho artículo llamando a aplicar el miedo como política: si no nos eligen, tras nosotros, el diluvio.
El miedo hace olvidar el pasado, hace olvidar el presente, aleja el futuro, el miedo es enemigo del cambio, preserva privilegios, el miedo inmoviliza.
El miedo es instrumento de tortura, fue utilizado por la dictadura en Chile, y sin embargo, al sacudirnos el miedo se pudo avanzar.
No me jueguen la política del miedo, la conozco, la sufrí en carne propia, y es un arma de doble filo, puede que me sacuda el miedo y pregunte, ¿y ustedes qué?, fuera de promesas, ¿ustedes qué?, y el miedo puede darse vuelta y golpearlos.
Esta mañana leí un artículo de opinión cuyo titular decía “los demócratas pueden ganar si adoptan la política del miedo”, y me dio miedo. Miedo de que nada cambie.


























