ENTREVISTA EXCLUSIVA
Yazmany Arboleda cruzó la frontera entre Tijuana y San Diego en el vientre de su madre y nació en Boston (1981). A los cuatro años emigró a Medellín y en la patria natal de sus progenitores vivió hasta los once años, hasta cuando la familia decidió retornar para residir en Florida.

Estudió Arquitectura en la Universidad Católica de Washington DC y Diseño Urbano en el Politécnico de Barcelona, España. Además estudió Diseño Industrial en Parsons, Nueva York y Diseño de Moda en el Instituto Marangoni en Milán, Italia.
Con todos estos estudios, confiesa que su idea fue que “Me proporcionen formas de pensar, que me ayuden a diseñar procesos en los que todos estén invitados a participar” y ese ideal floreció cuando aplicó para el programa de Public Artist in Residence (PAIR), creado por el Departamento de Cultura de la Ciudad de Nueva York en la primavera del 2020.
Yazmany no solo fue seleccionado, durante el primer año fue el Artista en Residencia Público y es el único artista en este programa, contratado oficialmente por la ciudad de Nueva York. Actualmente Yazmany es artista residente en IntegrateNYC y director asociado de comunicaciones para Artist Striving To End Poverty.
Durante las últimas dos décadas, ha creado proyectos de arte en espacios públicos con comunidades de la India, Japón, Kenia, Tanzania, Uganda, Sudáfrica, Afghanistan, España, Colombia y Estados Unidos. Su práctica artística se enfoca, -como él afirma-, en “crear esculturas vivas, gente que se reúne para transformar el mundo a través de la co-creación”.
Ha trabajado con Carnige Hall, la escuela de Administración de Yale y BRIC entre otros. Es co-fundador de limeSHIFT, The Future Historical Society, Remember 2019 y la Artist As Citizen Conference. Ha dictado conferencias en UNC, MIT y LPAC sobre el poder del arte en el espacio público.
¿Cómo nace la idea de hacer arte colectivo?
- En el 2007 durante mi primera exhibición en Manhattan, -presentada por el diseñador de moda Issey Miyake en su centro cultural en Tribeca-, me di cuenta que para mí era más importante el proceso de creación de la obra de arte que la obra de arte en sí.
Es decir, me pasé casi un año empujando cincuenta mil pelotillas de colores neón para crear retratos de neoyorquinos con mis amigos y familia. Pasar tiempo juntos creando se convirtió en mi práctica de arte. Desde ese punto siempre digo que la palabra arte, para mí, es un verbo, no un sustantivo.
De entre tus proyectos en Nueva York, ¿cuál es el que te ha dado más satisfacción?
- La creación del Bus del Pueblo, durante este último año. Este proyecto representa lo importante que es ejercer nuestra imaginación y creatividad en servicio a nuestro futuro colectivo. Transformar un autobús de la prisión Rikers, para que sea un vehículo que sirve como centro comunitario móvil, es un gran poema para esta época de la humanidad.

Priorizando nuestra belleza, bienestar y resiliencia, demostramos nuestra capacidad de crear oportunidades con los recursos a nuestro alcance. Trabajando con la Agencia de Acción Cívica, pudimos involucrar a neoyorquinos de todas las edades. Más que nunca debemos encontrar formas de endulzar nuestra democracia, para que nuestras comunidades participen y se beneficien del apoyo del gobierno en nuestra ciudad.



¿Cómo afectó la pandemia a este tipo de arte?
- La pandemia ha afectado todo los aspectos de como hacemos este tipo de trabajo. El aislamiento y distanciamiento hicieron que la mayoría de nuestro proceso pasara por reuniones telefónicas y en video. Aunque fue una adaptación difícil, debimos encontrar formas de crear comunidad desde nuestros hogares. Esto nos dio la oportunidad de encontrar nuevas formas de conocernos unos a otros y de aprender a como trabajar juntos en contextos inesperados.
¿Qué proyectos tienes para este nuevo año?
- Estaré colaborando con comunidades en Bilbao, España, donde se me ha comisionado crear el “Hospital del Alma.” Será mi primera instalación pública donde los que participen, se encontrarán con la naturaleza para tener un momento de reflexión con ella.
La obra abrirá al público en junio. La comisión es parte de la Cumbre del Bienestar y Cambio Social, que se realizará en Bilbao, en la región de Bizkaia, un polo internacional del arte y la cultura y ejemplo de un lugar en el proceso de profundización de su transformación, centrándose en una Carta de Valores y los objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.
Continuaré como artista en residencia con la Ciudad de Nueva York. El Bus del Pueblo se mudará a un nuevo hogar, el Centro Cultural Clemente Soto Vélez en el Lower East Side. Desde ahí crearemos la siguiente versión del Festival del Pueblo este verano.


Un mensaje final
- En su libro Parábola de la Sembradora (1993), Octavia Butler escribió: “Todo lo que tocas cambia. Todo lo que cambias te cambia a ti. La única verdad duradera es el cambio. Dios es cambio.” Décadas más tarde estas palabras tienen más valor que nunca.
La humanidad se enfrenta al cambio climático encima de múltiples pandemias: Covid-19, racismo sistémico, desbalance de recursos alrededor del mundo, etc. Mi propuesta como artista, es invitar a todos a ejercitar su creatividad e imaginación, para crear un mundo en el cual todos los seres vivientes tengan los recursos necesarios para vivir saludablemente y ser felices. Nuestro mundo está cambiando. ¿Cómo cambiamos con él?




























