¿Votar o no votar? He ahí el dilema

La última vez, en las presidenciales, voté “contra” no “por”, y me prometí que sería la última vez, así que, aquellos que solicitan mi voto olvídense de que es Halloween y dejen de jugar con el miedo, con “que viene el cuco”, y de repartir bolsitas de dulces en vez de haber cumplido con las promesas de campaña.

Esta vez no caigo en la trampa de que cada cuatro años me cortejen con promesas de un país más justo.

Cuando pasan de un presupuesto de 3.5 trillones de dólares a 1.5 trillones, cuando recortan donde menos les duele a los poderosos —el gasto social—, es decir donde más afecta a quienes lo necesitan, no me pidan moderación.

Moderación significa mantener el statu quo, continuar con el goteo del capital, mantener la desigualdad, la ley del embudo: para la elite, la parte ancha, para los pobres la parte angosta; para unos, privilegios, para otros, esperanzas y promesas.

El incremento de los impuestos a billonarios y corporaciones, olvídense, se legislaba para ellos y se continúa cuidando sus intereses, si no, vea lo que significa el recorte del presupuesto:

—Permiso de maternidad pagado: se suponía podrían acordarse hasta 12 semanas pagadas, hoy, con el recorte del presupuesto, se habla de 4 semanas, total peor es mascar lauchas.

Hoy solamente el 21% de las trabajadoras tiene acceso a permiso de maternidad pagado por sus empleadores.

Hoy, en el país más rico del mundo hay mujeres que trabajan hasta el último día del embarazo.

Hoy, el 82% de la población apoya los permisos de maternidad pagados, sin perder el empleo.

—Legalización de 12 millones de indocumentados: hasta hoy, “0”

—Vivienda subsidiada: pregúnteles a los corredores de propiedades, o busque en los pequeños anuncios, quizás tengan mejor suerte que yo, no las veo por ninguna parte.

—Seguro médico universal, seguimos con lo mismo, nada cambia.

—Remedios subsidiados: “0”, es peligroso enfrentar el poderío de las farmacéuticas, se arriesga perder su apoyo económico para las campañas electorales.

—Subsidio para el cuidado de niños: reducido a dos o un año, cuando debería volverse permanente.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en relación al PIB, entre los 37 países ricos, Estados Unidos ocupa el lugar 35 en inversión pública en niños menores de 5 años.

Solo la mitad de los niños estadounidenses de 3 y 4 años asiste a la escuela, en comparación con el 90% en Francia, Alemania y Gran Bretaña. Pero, según algunos senadores, hay que recortar el gasto social.

—Educación gratuita, no solo doce años, hasta la universidad, o al menos en los “Community Colleges”: lo prometieron, pero, “no se preocupen”, hay becas que ayudarán a pagar hasta el 30 % de la matrícula, o préstamos que hipotecarán su futuro, como antes. La educación no es un derecho universal en el país más rico del mundo.

—Reforma policial, “black lives matter”: en compás de espera.

—Derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo, derecho al aborto: amenazado.

Ello no es moderación, ello es prometer sueños, despertar ilusiones y entregar lo mismo: nada, huecas promesas.

La culpa es del otro no mía, gastada frase de vieja política para ocultar la falta de voluntad política.

Nunca había recibido tantos papeles pidiéndome el voto, o, en una flagrante violación a mi privacidad, decirme: “nuestros registros indican que aún no ha votado”. Cientos de miles de dólares gastados en propaganda para no cambiar nada, todos los candidatos, las candidatas, supuestamente preocupándose por mi bienestar, pero ninguno, ninguna, diciendo qué ha hecho para poner fin a la desigualdad, cómo ha votado, cómo ha salido a la calle a rendir cuentas, por lo que en política deben rendir cuentas.

Nunca me habían hecho perder tanto tiempo golpeando a mi puerta para solicitar mi voto, presentándose con la mejor sonrisa, y peor que vendedor, sin darse por vencidos.

¿Votar o no votar?

La vez anterior voté “contra”, hoy votaré solamente por quien deje claro como el agua el por qué lucha, cómo vota por un presupuesto para cumplir con las promesas, si se opone o aprueba el infame recorte al gasto social donde les quitan a los pobres, una vez más a los pobres y no a los ricos.

Si me piden el voto con promesas, olvídense, si me piden el voto jugando el miedo: “que vuelve el cuco”, olvídense, la política del miedo la emplean los dictadores, los autócratas y los que quieren que nada cambie.

Si me piden moderación y apriétese el cinturón, olvídense.

Si me dicen por qué luchan, cómo han votado, si rinden cuentas del mandato que les di
si se manifiestan públicamente y no en reuniones secretas de camarillas, quizás, quizás vuelvan a ganar mi confianza, y votaré,  votaré por aquellos que aún creen, y luchan por que en el país más rico del mundo se viva con dignidad.

¿Votar o no votar?

Eso no depende de mí, depende de ustedes, honorables senadores y diputados. Yo ya cumplí eligiéndolos, ahora les toca cumplir a ustedes, pero…

Que quede claro, si usted, estimada moderada o estimado moderado, no es ni chicha ni limonada: no votaré por usted. Y el dilema no es votar antes o después, por correo o presencial, el dilema es por quién y por qué votar.

Que quede claro, no votaré por aquellos que bloquean el gasto social sin importarles el sufrimiento de esa enorme mayoría cuyos derechos fundamentales son violados día a día. Esos no son ni chicha ni limonada, esos son champaña Dom Perignon, pura cepa en defensa del capital.

No votaré por aquel que dice “juntémonos y crezcamos juntos”, somos uno, no hay diferencias. Por lo visto, para el honorable senador, en los Estados Unidos no hay pobres y ricos, hay pobres y almas generosas que ejercen la filantropía. Para unos la torta, para otros las migajas.

Que quede claro, en un país desigual, votaré por aquellos que se oponen al recorte del gasto social, un paso hacia la justicia social.

Votaré, e invito a votar, por aquellos que quieren terminar con la desigualdad y no perpetuarla en defensa de sus mezquinos intereses.

* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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