El mundo está cambiando, cambiemos con él

Estamos saliendo de una pandemia que ha alcanzado alrededor de los 4 millones de muertos en el mundo entero; terrible cifra, enorme sufrimiento. No olvidemos, sin embargo, que a comienzos del siglo pasado, otra pandemia, la gripe española, dejó entre 20 y 50 millones de muertos.

Como vemos, las cosas están cambiando, gracias al progreso de la ciencia, a la colaboración entre los científicos, en un plazo antes inimaginable, se encontraron las vacunas que detuvieron el avance de la peste.

Cierto, la pandemia no ha terminado, el virus ha evolucionado, pero en los laboratorios ya se experimentan nuevas vacunas para detener las variantes.

La ciencia está de nuestro lado, ahora falta que nosotros estemos del lado de la ciencia y dejemos de lado las supersticiones, el miedo causado por la ignorancia y nos vacunemos, única forma de controlar la pandemia.

En el pasado inventamos leyendas, dioses, para conjurar lo desconocido, aquello que no podíamos explicarnos, pócimas y brujería para ahuyentar las enfermedades, pero eso era el pasado, hoy, gracias a la ciencia el mundo está cambiando y nosotros con él.

En el pasado el futuro de una persona estaba determinado por su cuna, por su casta, por la riqueza de sus padres, hoy las cosas han ido cambiando. Cierto, aún existen aquellos que se creen dueños del mundo, sin embargo, día a día el cambio avanza.

En los Estados Unidos, una niña de 14 años, Zaila Avant-garde, gana el Concurso Nacional de Deletreo (Spelling Bee) siendo la primera afroamericana en obtener el galardón.

En el pasado, en 1936, otra joven de color, MacNolia Cox, fue la primera en llegar a la final, en una época en que no se le permitió alojar en el mismo hotel que los concursantes blancos, en la puerta de entrada había un cartel: “Whites only!”, “solo para blancos”.

Como vemos, el mundo está cambiando, paso a paso, pero está cambiando. Y si bien es cierto el racismo no está erradicado pues la segregación continúa existiendo oculta en otro ropaje –basta mirar los distintos barrios en nuestras ciudades– esas lacras están en retroceso.

En Chile, tras las grandes manifestaciones de octubre del 2019, los chilenos ganaron el derecho a redactar una nueva constitución para reemplazar la de hierro con la que el dictador Pinochet quiso amarrar su futuro.

77 mujeres y 78 hombres, en su mayoría independientes no afiliados a ningún partido político del pasado, son los encargados de redactar la nueva constitución que abrirá, así lo espero, el camino a un Chile más justo, más igualitario en uno de los países más desiguales del mundo.

Y en un país que durante años menospreció a los pueblos originarios, dirige la Asamblea Constituyente una indígena mapuche, la doctora Elisa Loncón.

Desgraciadamente, no todo cambia y en forma evidente no todo el mundo ha cambiado.

Existen aquellos que se resisten a que su mundo de privilegios cambie, aquellos que permanecen en el pasado, que se alimentan de las lacras del pasado, que disfrutan de los frutos de las injusticias del pasado.

Aquellos que, viviendo en burbujas segregadas, creen que su mundo de lujos es el mundo, que el mundo de los desposeídos es un submundo.

En sus barrios, en sus departamentos, en sus restaurantes, en sus tiendas falta solamente el cartel infame del pasado adaptado al presente: “¡solo para millonarios blancos!”.

El cartel fue reemplazado por una tarjeta de crédito dorada, una tarjeta sin límites, por pequeños carteles afichando los precios de productos “¡solo para millonarios!”

Esa elite que intenta por todos los medios de conservar sus privilegios.

Existen aquellos que se someten a las reglas del juego democrático en las elecciones, pero que si pierden, como es el caso de Trump en los Estados Unidos o de Keiko Fujimori en Perú, gritan fraude y llaman descaradamente a abandonar el camino democrático, llaman sin declararlo en voz alta, al golpe de Estado.

Lo terrible es que hay gente que cree sus discursos enfermizos, se cierran al camino de la razón y se dejan envenenar. ¡Nos robaron la elección, no reconoceremos al líder electo, regresaremos al poder, como sea, utilizando los medios que sean, regresaremos al poder!

En otras latitudes, dictadores y autócratas se aferran al poder, corruptos que buscan seguir robando, vaciando las arcas fiscales, como es el caso de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, quienes comenzaron luchando contra un dictador y que, enfermos de poder y ambición, terminaron transformándose ellos mismos en dictadores.

O de populistas que se aferran al poder, cambian las constituciones para perpetuarse en el poder, autócratas que se arropan de lujo con el dinero mal habido mientras sus pueblos pasan hambre y para sobrevivir tienen que abandonar el país, como es el caso de Venezuela.

Otros venden un simulacro de democracia, sin libertad de prensa, con control de la población.

Buscan un chivo expiatorio fuera de las fronteras y lo encuentran: el bloqueo, aunque es importante reconocer que los bloqueos son inhumanos, significan hambre para la población y proveen de una justificación al autócrata.

Pero incluso en los hijos de la quimera la paciencia tiene su límite, y ayer en Cuba, en dos municipios alejados de la capital se produjeron protestas, cientos de cubanos salieron a las calles al grito de “no tenemos miedo, libertad, libertad, abajo la dictadura”.

Al avanzar el día, las protestas se extendieron a La Habana, tanto así que el presidente se vio obligado a declarar: “un grupo de personas se agrupó en uno de los parques más céntricos de la ciudad para reclamar, entre ellos se pueden encontrar revolucionarios confundidos por la desinformación que hay en los medios sociales”, negando la razón de las protestas: la falta de alimentos, de productos básicos, de remedios, la pobreza imperante, el regreso de la prostitución como medio de subsistencia, el aprisionamiento de artistas opositores.

Terminó su discurso con un: “Convocamos a todos los revolucionarios a salir a las calles a defender la Revolución en todos los lugares. Las calles son de los revolucionarios y el Estado tiene toda la voluntad política para dialogar, pero también para participar, agregó. No vamos a entregar la soberanía, ni la independencia de esta nación. Tienen que pasar por encima de nuestro cadáver si quieren tumbar la Revolución”.

Como vemos en los distintos casos, el pasado está vivo, las palabras se repiten y desgastan, la serpiente está viva, destila veneno, se cobija en las almas de los supremacistas blancos, de los golpistas, del racismo, de los autócratas, de los dictadores de todo pelo, de los corruptos, de los tiranos.

Pero a pesar de todo, las cosas están cambiando. Un grito de esperanza, de justicia surge como un coro cada día más potente, a veces a pasos acelerados, a veces más lentamente, pero los menospreciados, las víctimas del racismo, de la explotación inhumana por parte de las corporaciones, las mujeres víctimas de la violencia y la discriminación, los hambrientos, los sin casa, los despojados de futuro salen a las calles reclamando sus derechos.

Ellos, los avasallados, han dicho ¡basta! y echado a andar reclamando su puesto en el presente, reclamando su derecho a un futuro digno y mejor, pero sobre todo, a un presente y un futuro decidido por ellos, la mayoría.

El mundo está cambiando, el reloj de la justicia está de nuestro lado, seamos parte de ese cambio, aceleremos ese cambio, se lo debemos a nuestras hijas, a nuestros hijos.

* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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