Ventas callejeras evidencian pobreza

 

EDITORIAL

Actualmente en la ciudad de Nueva York, -colmada ya de mendigos-, al desempleo y la pobreza generados por la pandemia, se suma la proliferación de cantidades de desechos sólidos, basura y desperdicios, pero en los barrios populares la proliferación de mercados callejeros han creado un panorama propio de los países tercermundistas.

Para mermar los efectos de la crisis de empleo y pobreza generada por la pandemia del Covid-19, el alcalde anunció en junio que los vendedores callejeros sin licencia no serán sujetos a la aplicación de la ley por parte del departamento de policía de la ciudad, pero el tema no se limita solo al control, se trata sobre todo de educación, que es la clave para incorporar a esta fuerza de trabajadores informales a la comunidad en forma positiva, justa y humana.

El crecimiento de las comunidades inmigrantes sin posibilidades de trabajar legalmente en la ciudad, ha llevado a la propagación de la pobreza y la desigualdad urbanas, lo cual plantea un desafío importante para las autoridades.

Estos inmigrantes conforman un grupo altamente vulnerable, que debido a la necesidad y el temor, es más susceptible de ser explotado y es obligación de las autoridades asegurarse e investigar que no se cometan prácticas de abuso laboral, tráfico humano y esclavitud moderna en las entrañas de la ciudad.

Abordar la pobreza y los riesgos de salud ocupacional asociados a las ventas ambulantes, que experimentan los pobres a través de sus decisiones para ayudar a reducir sustancialmente el número de muertes y enfermedades por la contaminación del aire y las plagas urbanas, es una responsabilidad de los oficiales electos, comenzando por los concejales de los barrios populares de Nueva York.

Según estudios especializados de la Organización Mundial de la Salud, se indica que: “existe la necesidad de eliminar las ventas ambulantes” y en algunos barrios de la ciudad de Nueva York es urgente desarrollar medidas para abordar este problema de manera sostenible. 

La eliminación de estas actividades ocupacionales del paisaje urbano de una ciudad del llamado primer mundo, debe recibir atención urgente del gobierno municipal y estatal, por las consecuencias que tiene a nivel sanitario, social, humano y de seguridad.

Las ventas ambulante y la recolección de residuos son los trabajos predominantes que realizan los pobres de las ciudades y además de los peligros físicos, también los expone a varios patógenos y altos niveles de contaminantes del aire presentes en el ambiente exterior. Que existan organizaciones que representen a este grupo y que los entrenen solo para protestar contra las autoridades no es suficiente.

Lo importante sería que se logre elevar el nivel laboral de estos inmigrantes, para que dejen de ser vendedores ambulantes y abran sus propios negocios bien establecidos. Los vendedores de frutas y verduras son mayoritariamente migrantes y es extremadamente importante absorber la fuerza laboral migrante en términos que no se convierta en tumores, si no en energía laboral, intelectual, cívica, deportiva, social para beneficio de su propia comunidad y de la ciudad entera.

Abordar el problema de las ventas ambulantes, que están reproduciendo una réplica exacta a los submundos urbanos de los países pobres del mundo en las entrañas de ciudades como Nueva York, es un asunto clave para abordar la pobreza urbana y los problemas de salud pública asociados. Es fundamental asegurar condiciones de trabajo saludables para los comerciantes callejeros y para toda la comunidad a su alrededor.

Esto requiere que se creen oportunidades de empleo en las zonas rurales mediante el desarrollo industrial y agrícola. Se necesita un compromiso financiero significativo para dicha transformación de las áreas rurales y puede lograrse mediante la creación de un entorno propicio por parte de los gobiernos central y local para atraer inversores locales.

Las entidades comunitarias y organizaciones no gubernamentales que operan en la zona, tienen un papel importante al promover, a través de la educación y de campañas informativas, la importancia de los buenos hábitos sanitarios entre los vendedores ambulantes y todos los habitantes, para lograr la sensibilización de los habitantes de las comunidades sobre las repercusiones socioeconómicas y sanitarias de la acumulación de basura, la congestión peatonal, etc.

El gobierno municipal tiene la responsabilidad de abordar la pobreza y los riesgos de salud ocupacional asociados que experimentan los pobres a través de decisiones para asegurar la salud de manera sustancial, reducir el número de enfermedades e incluso posibles muertes, causadas por la contaminación y las pestes urbanas.

Compartir
[fbcomments]