EDITORIAL
Muchos locales y visitantes en ocasiones se muestran renuentes a reconocer el titulo de Capital del Mundo a la ciudad de Nueva York, sin embargo la evidencia de la gran actividad multicultural y la infinidad de programas y eventos que alberga en cada barrio de sus cinco condados lo confirman.
Las actividades de entretenimiento y educativas para niños y adultos, en calles, parques, museos, organizaciones de diferente naturaleza que ofrece la ciudad de Nueva York durante el verano y todas las demás estaciones del año, son una muestra clara y contundente de la increíblemente rica diversidad de culturas que alberga y permite florecer.
Cuando se habla de Nueva York como capital del mundo, no se refiere únicamente a la presencia de la Bolsa de Valores, a los Museos,-muchos de ellos establecidos hace siglos_, ni de sus rascacielos, parques majestuosos y construcciones históricas, la grandeza de Nueva York se manifiesta primordial y fundamentalmente, a través de su gente, porque es la gente la que ha escrito y continúa escribiendo la historia de esta ciudad, en la cual no solo habitan, coexisten e interactúan todas las culturas y nacionalidades del planeta Tierra.
Nueva York es un arco iris cultural, por algo este fenómeno de la naturaleza, fue el símbolo de las nacionalidades nativo-americanas desde tiempos ancestrales, pero es aún mucho más que eso, es una ciudad con una personalidad tan única, que se diferencia del resto de ciudades de toda la Unión Americana, de la cual fue su primera capital.
Nueva York durante el verano, presenta una muestra innumerable de actividades, imposible de publicar en una sola edición de cualquier periódico todo lo que se vive y los que hace vibrar a toda la ciudad. Si bien la maquinaria turística de la metrópoli, que genera billones de dólares anualmente, se ha enfocado en Manhattan, las redes sociales, el acceso y democratización de la tecnología, la amplificación y facilidad de acceso a los medios de comunicación a nivel digital, permiten tener acceso a información que devela la increíble variedad de actividades, programas, eventos, de todo tipo y duración, que se realizan en esta ciudad.
En ese contexto cosmopolita, la presencia de los latinoamericanos no solo que se hace cada vez más evidente, lo que se aprecia es el resultado de varios años de trabajo, décadas de aprendizaje, así por ejemplo los desfiles de comunidades como la colombiana, ecuatoriana, mexicana, han atravesado un proceso que inició como una muestra de patriotismo dada la nostalgia de la tierra natal, para convertirse en el paso de los años en una demostración de la riqueza cultural. En este punto cabe anotar que el proceso de estas actividades, no siempre ha sido el más saludable y para muestra el desfile ecuatoriano de Queens, que tiene más de tres décadas de realización.
La comunidad ecuatoriana de Nueva York fue reconocida oficialmente por las autoridades desde 1975 y sus actividades iniciaron a principio de los años ochenta, sin embargo durante la década del gobierno de Rafael Correa, el desfile fue manipulado para servir de tribuna a políticos del partido oficial o sus allegados, que actualmente se encuentran tras las rejas, demostrando el criterio erróneo que han tenido los organizadores, que no comprenden que una cosa es demostrar la cultura de sus países de origen y otra muy diferente promocionar en un país extranjero a personajes que usan las fiestas nacionales para el oportunismo, figuración y calculaciones individuales.
Desfiles como el de la comunidad mexicana en Manhattan, por ejemplo, han atravesado un proceso en el cual, como todos los desfiles étnicos, ha debido aprender sobre la estructura y funcionamiento de la ciudad, en cuanto a los trámites de funcionamiento, que no son sencillos cuando no se tiene idea de ellos y que después llegan a convertirse en algo totalmente manejable, sin embargo, esa es solo una parte del trabajo, actualmente es más importante aún, crecer en el nivel de presentación y en la proyección que de los países se hace, a través de los desfiles nacionales de cada uno de ellos.
La situación actual demanda de todo evento un gran nivel, transparencia y proyección, es hora de dejar de hacer las cosas por conveniencia personal, por compadrazgo, por intereses individuales. Que el verano en la ciudad de Nueva York, sea una gran oportunidad de aprender, de amar más la cultura humana en sus diferentes manifestaciones, de conocer más a una ciudad maravillosa, que permite sin distinción, crecer y florecer.
El verano en Nueva York es la mejor oportunidad para aprender a amar al mundo, pero es indispensable, estar a la altura, de una ciudad del futuro, definida no solo por rascacielos, pero por un sentido de tolerancia y profundo respeto al ser humano, a la naturaleza y a toda forma de vida.


























