Guerra avisada no mata al soldado

EDITORIAL

Los medios de comunicación impresos hace ya algunos años han enfrentado los embates de la tecnología y sobre este tema existe abundante literatura.

Sin embargo, a medida que avanza este proceso imparable, que ha transformado radicalmente la manera como las sociedades y el mundo recibe información, surgen nuevos retos, batallas en las que están involucrados varios actores y varios factores.

Además de los retos iniciales, de llegar a los lectores y audiencias por vía digital, que en el caso del semanario Impacto no fue un reto negativo, sino que por el contrario consolidó su liderazgo gracias a su edición digital, leída internacionalmente por más de trescientos mil suscritos, el tema no solo del acceso a la información, pero fundamentalmente el de la producción y generación de ésta, es uno que requiere una postura firme por parte de los medios de comunicación profesionales.

Actualmente cualquier persona tiene la capacidad en su mano de reportar un hecho, incidente o situación, para bien o para mal, esto ha democratizado la circulación de información, generando una situación muy peligrosa por varios aspectos, no solo la divulgación de temas dañinos para la sociedad, como violencia, asesinatos que se cometen específicamente para que sean vistos en las redes, locuras que terminan en tragedias debido a este anhelo de ser vistos, de tener millones de seguidores compitiendo con las estrellas de cine o cantantes, o que su video o información se convierta en “viral”.

El problema en términos periodísticos tiene varias dimensiones, por un lado la descontextualización de la información que se sube a las redes, la falta de criterio, de enfoque, de objetivo y propósito en función de beneficio social. Se suben imágenes no solo violentas, irrelevantes y lo peor son las actitudes impositivas, los egos individuales, la expresión de los traumas y complejos.

En el caso de la comunidad latina de Nueva York, el acceso a las redes y medios digitales, unido a la necesidad de trabajo, ha generado una serie de medios fantasmas, sin un editor responsable, moral, ética ni legalmente, sin un staff periodístico, ni colaboradores o escritores, es decir, sin pies ni cabeza y peor aún sin una actividad sistemática, ordenada, la cual todo proceso de comunicación requiere.

El enfoque egocentrista no es el problema, porque el común de la gente puede diferenciar el uso de redes sociales para estos fines, que en términos de amistad son aceptables, el ver a mi amigo sirvendose un plato en un elegante restaurante es algo que si bien no tienen ningún valor comunitario, por amistad me puede interesar. El asunto es que cuando surge un grupo que por grabar con sus cámaras de celulares o tablet se auto califica “periodista” la comunidad y la sociedad entera se están perjudicando en el enfoque de temas realmente relevantes.

Uno de los grandes problemas de la comunidad latina ha sido siempre la mediocridad, la usurpación de cargos y oficios, la improvisación y el tema de las redes sociales lo ha empeorado, porque esta tendencia a que lo banal, efímero e intrascendente cope la atención de una comunidad que necesita, mayoritariamente, continuar educándose para progresar, como grupo, la mantiene en el pantano de lo eventual, eventos sociales, cívicos o comunitarios para generar recursos, que nunca se sabe a ciencia cierta a donde van a parar, que es lo de menos, en el contexto de esta reflexión.

El gran problema es que la mayoría de la llamada comunidad, se mantiene enfocada en lo eventual y se aparta cada ve más de los trascendente, de enfrentar con preparación los nuevos retos y claro, no faltan los esfuerzos por dictar cursos y dar entrenamiento, que más bien apelan al deseo personal e individual de progresar, pero ese progreso no se ve a nivel de los auto denominados periodistas, que no se esfuerzan por profesionalizarse y que se limitan a reportar los innumerables eventos sociales.

Es fundamental valorar, fomentar y apoyar el verdadero periodismo, el periodismo investigativo, la critica periodística fundamentada y seria.

Existe un estándar de ética periodística a seguir. El análisis y discusión comunitaria de temas trascendentes, que no caigan en el sensacionalismo, sino en asuntos como el fomento de la lectura, el conocimiento de la historia, la valoración de los miembros de la comunidad, de sus aportes reales, de los progresos políticos, empresariales, culturales, científicos.

Es esencial que el diálogo supere las conversaciones por celular o redes en torno a temas superficiales, es fundamental un diálogo franco, sincero en la esfera pública, fuera del control de cualquier autoridad para que los ciudadanos puedan intercambiar ideas como iguales. Esto se traduce en la necesidad de libertad de expresión y una prensa libre, pero sin apelar a ellas para beneficio individual o de un grupito que no manifiesta abiertamente su proyecto de trabajo.

Los medios alternativos y comunitarios, los medios étnicos deben ser críticos en el desarrollo de las necesidades y la identidad del grupo y en desafiar la esfera pública dominante sin sucumbir a las adulaciones a los oficiales electos de turno locales y  peor aún a los empleados de gobiernos extranjeros que sirven en dependencias diplomáticas como consulados y embajadas.

Es importante un trabajo conjunto, por proyectos locales, comenzando por la profesionalización de los medios, por el mejoramiento y engrandecimiento del sentido crítico. La educación y el diálogo respetuoso terminan siendo los recursos más efectivos para lograr vencer esta guerra declarada, en la cual finalmente se imponen la calidad, la inteligencia, el profesionalismo y la ética.

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