50 sueños truncados

Me pregunto hasta dónde llega la resistencia del ser humano.

Cómo quisiera escribir un artículo de esperanza, ¡tanto la necesitamos!, que nos haga sentirnos humanos, que no me haga preguntarme ¿y yo?, ¿qué he hecho yo además de sentirme mal?

Para sentirnos humanos culparemos a los traficantes de personas,
chacales que el chacal rechazaría.

Culparemos al decreto 42, aquel de la anterior administración que permite la expulsión expedita de los inmigrantes, decreto infamante. En mayo se intentó derogarlo, pero un juez, nombrado por la anterior administración, lo bloqueó. Nuevamente la justicia en manos de la injusticia, Roe contra Wade, ¿recuerda?

Culparemos la terrible ola de calor que azota el país, recordemos no nos expongamos al exceso de calor, mantengámonos hidratados, seamos solidarios, estemos atentos a las personas ancianas y a los niños, no dejemos a los perros al interior de los autos, la temperatura sube rápidamente
pero sobre todo no pensemos en el cambio climático, o pensemos en el cambio climático como responsabilidad de otros y no nuestra.

Cómo me gustaría no tener que imaginar a aquellos que, huyendo del hambre y de la miseria, encerrados en un camión, sin aire, sin agua, bajo una ola de calor en el mes de junio más caluroso en la historia de Texas, el tráiler de un camión, horno crematorio de nuestros días, intentan llegar al sueño de una vida mejor.

50
¿mexicanos?
seres humanos
¿guatemaltecos?
seres humanos
¿hondureños?
seres humanos
¿nigerianos?
seres humanos
hombres
seres humanos
mujeres seres humanos
niños
seres humanos
niñas
seres humanos

Y nosotros
seres humanos
levantaremos nuestras voces para condenar el horror, la nueva tragedia, 50 asfixiados en un tráiler, cerca de San Antonio, Texas.
50 muertos por intentar escapar de la miseria, su derecho humano más elemental, su derecho a comer, violado, su derecho a un mejor futuro violado, su derecho a salir de la miseria, violado.

16 se salvaron, 16 fueron conducidos a un hospital, muestra de humanidad, 16 adultos y menores los que una vez hidratados, imagino serán expulsados, sabido es: América para los americanos, además usted sabe, eran ilegales.

Y por encima del horror escucharemos la voz aterciopelada de la compasión bajando el tono al acercarse al micrófono diciendo “los entiendo”, “comprendo su dolor”, “es inconcebible”, “hay que hacer algo, hay que hacer algo, hay que hacer algo”.

Una vez más escucharemos, no es nuestra culpa es del otro.
Una vez más escucharemos hay que revisar la política de inmigración para darle un viso humano, y no se hará nada, o se hará un simulacro de hacer algo, como con las armas de guerra en manos de civiles, hace no tanto tiempo tras una masacre en Uvalde, Texas, ¿recuerda?

Una vez más usted leerá, cómo me gustaría comenzar el día escribiendo una columna optimista, de esas que levantan el ánimo, que nos hacen tener confianza en el ser humano, que nos hacen olvidar que no es la primera masacre, que no será la última, que el hambre extiende su manto sobre el planeta, y que 50 desesperados, 50 hambrientos, murieron sofocados al interior de un tráiler.

Mientras otros siguen marchando o comienzan a marchar para escapar del hambre y de la muerte en la tierra que los vio nacer.

* Escritor, poeta y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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