11-S, 10 años

Karina Borodnikoff

Que difícil resulta encontrar las palabras adecuadas para hacer honor a la conmemoración  del décimo aniversario de los atentados que se llevaron adelante el  11 de septiembre de 2001. Que complicado es trazar un panorama justo y completo que se adecúe a los hechos acontecidos.

La ficha técnica de este triste hecho histórico asegura lo siguiente:

Fecha: 11 de septiembre de 2001

Hora: 08:46 – 10:28 (UTC-4)

Lugares: Nueva York, Washington DC, Shanksville –Pensilvania-, Estados Unidos de Norteamérica. Con las coordenadas 40°42′46.8″N 74°0′48.6″O / 40.713, -74.013.

Tipo de armar utilizadas: Aviones de líneas comerciales. Descripción: Vuelo 11 y vuelo 77 de American Airlines, vuelo 175 y vuelo 93 de United Airlines.

Blancos: civiles y militares –  Cantidad de muertos: 3.017. Entre ellos: 19 terroristas y 24 desaparecidos. Heridos: superó los seis mil.

Tipo de ataque / clasificación: Atentado terrorista. Ejecutores: Al-Quaeda.

Motivo: se presume Yihadismo (terminología occidental utilizada para denominar a las ramas más violentas y radicalizadas dentro del islam político).

Una sociedad se constituye violenta por múltiples causas. Existen infinidad de formas de ejercer dicha violencia. Formar parte de la hegemonía dominante no libera de culpas. Las diferentes culturas, tanto la occidental, como la oriental, a pesar de sus marcadas diferencias, han cometido errores similares que no están asociados a la tierra en donde se nace, sino que se ligan estrechamente a la condición de humanos. La intolerancia hacia la diversidad, temer a lo distinto, el sistemático intento de eliminar todo aquello que no se nos parece, que no pregona lo mismo que “nosotros”, ha sido el principal caldo de cultivo para generar sociedades violentas. “El otro” diferente es divisado como enemigo. Se ha arraigado un pensamiento en el que sólo se puede ejercer la propia cultura e ideología eliminando las otras, concebidas erróneamente como amenazas y privando al mundo de la diversidad cultural desplegada en un clima pacífico y enriquecedor.

La violencia genera violencia, ya lo sabemos. La histórica cruzada humana por someter, por dominar, por imponer, nos viene condenando y limitando como raza.

No existe manera de salvarse de este círculo vicioso que engendra cada vez más violencia si no comprendemos que el enemigo es la intolerancia y la intransigencia y no el “otro cultural”, la diversidad. Es el cómo y no el qué.

En el ahora más inmediato, sólo resta llamarse a silencio para dar espacio a la reflexión.

Tal vez, lo único apropiado para articular discursivamente sea expresar el más sentido pésame para todos aquellos damnificados y seres humanos sacrificados en nombre de múltiples causas… todas equivocadas cuando se cobran vidas.

 

 

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