William F. Draper: El principe del retrato, amó la cultura latina

Durante su prestigiosa carrera pictórica William Draper realizó incontables exhibiciones. En 1999 recibió un premio a la trayectoria de la Sociedad de Retrato de América. Don Jaime Andrade conserva varias invitaciones a las muestras de su amigo y un impreso de una de las últimas fiestas que se realizaron en su honor.
Durante su prestigiosa carrera pictórica William Draper realizó incontables exhibiciones. En 1999 recibió un premio a la trayectoria de la Sociedad de Retrato de América. Don Jaime Andrade conserva varias invitaciones a las muestras de su amigo y un impreso de una de las últimas fiestas que se realizaron en su honor.
 
Por Ximena Hidalgo-Ayala
IMPACTO LATIN NEWS
 

William F. Draper es considerado en el mundo artístico estadounidense como el “Principe del Retrato” y es uno de los pintores más reconocidos y famosos en Nueva York, en donde vivió la mayor parte de su vida adulta y además a nivel nacional por sus famosos retratos de presidentes y personalidades internacionales. Lo que pocos hispano-hablantes saben es que a este famoso artista le deleitaba sobremanera la cultura latinoamericana, no solo a nivel de paisajes como inspiración de sus obras, sino además su música, flora, fauna y gastronomía.

Para conocer estos detalles conversamos con su amigo, asistente y acompañante de varias aventuras, el coleccionista Jaime Andrade, quien este 23 de octubre recordó muy entristecido la partida del famoso pintor, ocurrida hace once años en Manhattan.

Fechas para no olvidar son la partida y el nacimiento de quienes apreciamos de corazón y ahora que se acerca Navidad Don Jaime Andrade recuerda que William Draper celebraba cada 24 de diciembre su cumpleaños con grandes fiestas en su residencia de Manhattan.

William Draper el “Príncipe del Retrato” nació en 1912 en el seno de una familia inmigrante en Massachusetts que llegó a América y comerciaba con los textiles por eso su apellido que en Castellano significa tela. Desde niño tuvo inclinación por las artes iniciando sus estudios formales en música y luego en pintura. Estudió en la Universidad de Harvard, luego en la Academia Nacional de Diseño en Nueva York y en la Escuela de Arte del Cabo en Massachusetts. Posteriormente estudió en Europa y a su retorno ingresó a la marina de los Estados Unidos en donde llegó a tener un grado militar pero en donde no pudo reprimir su fuerte vocación por la pintura, la cual le sirvió para consagrarse como “artista combatiente”.

 

Uno de los cuadros durante los combates de la Marina de los Estados Unidos que William Draper inmortalizó con su pincel.
Uno de los cuadros durante los combates de la Marina de los Estados Unidos que William Draper inmortalizó con su pincel.

 

ARTISTA COMBATIENTE

Fue capitán de corbeta en la Marina de los Estados Unidos a la cual ingresó en 1942 a la Reserva Naval como teniente (grado junior). Fue asignado a la unidad de guerra antisubmarina en Boston y luego fue enviado a Alaska, en donde pasó casi medio año en el cual aprovechó para pintar las Islas Aleutianas. Bill Draper se encontraba en Amchitka durante la invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y sus pinturas representan los ataques, como se vieron desde su trinchera de corto alcance. Desarrolló una técnica muy particular y tenía una formidable habilidad para pintar mientras sucedían las acciones. Prácticamente “fotografió” con sus cuadros las escenas de guerra, muchas de las cuales son parte del Museo Militar en Washington DC.

Después de la campaña de Bougainville, Draper fue asignado al USS Yorktown y mientras estuvo en el servicio militar pintó los ataques aéreos en Palau, los aterrizajes en Hollandia y los ataques aéreos en la isla de Truk. También pintó las invasiones de Saipan y Guam a bordo del USS Texas. Durante su gira en el Tennessee, el barco fue golpeado tres veces por el fuego enemigo y se vieron obligados a llegar en Guam, según consta en los archivos militares oficiales del servicio militar de la Marina de este país, de lo cual hay importante documentación.

 

Según el Sr. Jaime Andrade, William Draper conoció a la familia Kennedy con la cual entabló amistad, antes de que John F. Kennedy sea electo presidente y le pintó en numerosas ocasiones, siendo su pintura el retrato oficial de este presidente estadounidense.
Según el Sr. Jaime Andrade, William Draper conoció a la familia Kennedy con la cual entabló amistad, antes de que John F. Kennedy sea electo presidente y le pintó en numerosas ocasiones, siendo su pintura el retrato oficial de este presidente estadounidense.

 

 

RETRATISTA DE FAMOSOS

A su retorno de su primera participación en la guerra y conociendo sus habilidades pictóricas le encomendaron retratar al Contralmirante JR Beardall, entonces Superintendente de la Academia Naval de los Estados Unidos y posteriormente se encargó de pintar retratos de varios otros almirantes y autoridades militares, obras que son actualmente muy cotizadas y que forman parte de importantes museos.

Draper fue galardonado con la Estrella de Bronce por sus servicios navales y en 1945 se retiró de la Armada como teniente comandante. Retornó de lleno a lo que amaba: la pintura para convertirse en un artista muy conocido y cotizado. Después de la guerra se convirtió en un retratista de gran éxito en los Estados Unidos. En 1962 realizó la pintura oficial del Presidente John F. Kennedy, el cual se encuentra permanentemente expuesto en la Casa Blanca. Posteriormente retrató al Presidente Richard M. Nixon en 1981 y el cuadro se encuentra en la Galería Nacional en Washington, DC; al Sha de Irán lo retrató en 1967 en su coronación, a James Michener en 1979, Henry Kaiser, al Dr. Richard E. Winter y a uno de los hombres más ricos del mundo, Paul Melon y a las grandes personalidades.

 

¿Cuándo y dónde conoció a William Draper?

-En 1963 yo estaba recién llegado. Lo conocí cuando exhibía en la Galería Graham en la Ave. Madison y desde entonces surgió una gran y larga amistad que solo culminó cuando él falleció a los noventa años.

 

¿Cómo era William Draper?

-William Draper era de lo más alegre, muy sensitivo, compró la casa con el jardín más grande de Nueva York en la calle 83, entre Lexington y Tercera Ave. de Manhattan. Organizaba fiestas para más de 200 personas, en las cuales tocaba el piano en forma profesional ya que había estudiado con famosos pianistas durante su juventud. Era una casa grande con una pequeña piscina. Le gustaban mucho los animales, los adoraba y les dejaba pasear libremente por su gran jardín, en el cual se encontraban incluso pequeñas serpientes a las que decía que hay que respetarlas porque son las verdaderas dueñas junto con otros animales que libremente habitan en el gran jardín.

 

¿De los múltiples viajes de Bill Draper cuáles son los que más recuerda?

-Le encantaba viajar, yo personalmente le acompañe unas ocho ocasiones a sus viajes a Latinoamérica, entre los países que visitó Ecuador, Colombia, Perú, todo Centroamérica. Hablaba un poco de Castellano porque se educó en España pero hablaba mejor el Francés.

 

¿Le gustaba toda la comida latina?

-Comía de todo. Algunas veces en su casa cocinaba el mismo. Definitivamente era miembro de la alta sociedad neoyorquina pero era tan modesto que se adaptaba a cualquier ambiente y era muy cordial con todos. Comía lo que le ofrecían. Recuerdo claramente que en Ecuador comió con mucho agrado el cuy, que es algo muy autóctona y lo hizo con mucho deleite, en la forma más natural, como si fuera del lugar.

 

¿Qué recuerda de la visita de William Draper a su tierra natal Ecuador?

-Viajó varias a veces y llegaba a mi hacienda “La Magdalena” en Otavalo, provincia de Imbabura en la serranía ecuatoriana, en donde retrataba casi instantáneamente los paisajes andinos. Amaba la naturaleza y según lo expresó verbalmente, encontró las más hermosas orquídeas de Ecuador, algunas las trajo y plantó en su jardín.

De Ecuador se trajo a Nueva York un perro al que bautizó con el nombre “Quito”, el cual le obsequiaron unos amigos en Ibarra, quienes no pudieron ocultar la envidia, a manera de anécdota jocosa, dijeron que el perrito tuvo mejor suerte que ellos, ya que el Sr. Draper realizó todos los trámites legales para llevarlo a Estados Unidos.

Hay tantas anécdotas con el Sr. Draper que es difícil escoger una sola.

Fui yo quien se percató, en medio del personal médico que le acompañaba incluyendo su médico y enfermeras, que había fallecido, ya que cuando llegué a la casa estaba sentado en su silla pero inmóvil. Fue algo muy doloroso pero quedan hermosos recuerdos y atesoro además una colección de retratos que me hizo a mi y a mi familia, a la cual quería como propia. En vida me las obsequió una serie de pinturas latinoamericana que son parte de mi colección privada. En su extenso archivo aún busca el Sr. Andrade las fotos con su amigo, las cuales publicaremos posteriormente.

 

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