
El modelo indica que una tormenta de enorme magnitud se acerca a los Estados Unidos, el resultado de unas primarias remece ambos partidos, las encuestas muestran que un candidato: Trump, baja en las preferencias y se está derrotando a sí mismo, el coronavirus se expande peligrosamente por algunos estados y nos hace temer una explosión de casos.Todos estos elementos confluyen para anunciar la tormenta perfecta al igual que sucediera con Sandy cuando destruyera las costas de Nueva Jersey.Cierto es que vivimos nuevos tiempos, y que ellos pueden cambiar el curso de la tormenta.En ambos partidos el clima cambió, o si no cambió al menos muestra una nueva configuración, los favoritos del “establishment” dejan de ser los favoritos del electorado si es que no responden a los nuevos tiempos, el apoyo del presidente deja de ser apoyo y pasa a ser estigma, el miedo se deja en casa y se sale a buscar los elementos para encausar la tormenta.Nubes negras se acumulan sobre la Casa Blanca y vientos huracanados sacuden la campaña presidencial de Trump, cierran una ventana para ocultar el racismo imperante y se abre de par en par una puerta por donde escapa el racismo institucional cabalgando en los discursos de Donald J. Trump.Las encuestas separan las clases sociales, separan los caminos pavimentados de las mujeres con educación universitaria de los senderos polvorientos de aquellas que, sin educación, tienen que salir de sus casas a enfrentar la tormenta por lo que no pueden trabajar detrás de un computador y necesitan dar de comer a sus hijos.Esas mujeres que, nos dicen los comentaristas, tienen un miedo que bordea el pánico cada vez que salen sin saber si traerán a la casa comida o el virus.En los momentos en que el coronavirus gana terreno entre los jóvenes de 10 a 30 años, en que se propaga en los bares, en los restaurantes, en las playas, en las fiestas, esas madres, ese sector de votantes votaría, según los pronósticos, contra aquel que claramente no sabe cómo manejar la tormenta del virus.Y sin embargo hay una trampa, los pronósticos del tiempo no toman en cuenta la necesidad real de la gente: si no salgo no como, y el que me dé trabajo podría tener mi voto, moderna forma de cohecho y corrupción. La necesidad tiene cara de hereje, y de eso se aprovechan. Ello explicaría en parte la apertura precipitada del pequeño comercio. El mundo corporativo seguía llenando sus bolsillos.El rumbo de la tormenta estará marcado por la pandemia, por la irresponsabilidad al desafiarla, por lo que, contra toda lógica o recomendación médica, Trump reúne en salas cerradas a miles de sus seguidores, y ello jugará en su contra, nos dicen las encuestas.Sin embargo se olvidan que esos miles deliran, rompen en carcajadas, se entretienen, y entre risa y risa beben el discurso ponzoñoso del presidente-candidato.La preparación para enfrentar la tormenta requiere podar los viejos árboles para que no caigan y destruyan mi casa, pero como la tormenta perfecta se anuncia en todo el país, la poda general es necesaria de costa a costa.No hay modelo perfecto, nos dicen los meteorólogos, no basta con que un elemento se desinfle para que cambie el rumbo de la tormenta.Si se traslada a la política, no basta con que uno no nos guste, es necesario que el otro nos guste.Si no, corremos el riesgo de que los vientos de cambio que recorren el país se transformen de huracán en tormenta tropical, de tormenta tropical pasen a depresión, de depresión a lluvias leves, de lluvias leves a sequía y luego desaparezcan en el olvido.A menos que, a menos que conjuremos el peligro, que no nos dejemos llevar por cantos de sirenas, que los cambios se cimenten y podamos anunciar: tiempo despejado.



























