Tiempos de convenciones, tiempos de reflexión

 

Suenan los tambores, las luces caen sobre el escenario, un svoboda, 9 ampolletas en una caja de aluminio crean una mágica cortina de luz de la cual, un paso al frente, pueden aparecer ante nuestros ojos los protagonistas, y los actores secundarios, en un escenario libre de toda escenografía material.

Todo está frente a nuestros ojos, nada se esconde tras el svoboda, los espectadores nos acomodamos en nuestros sillones y el espectáculo comienza.

No es el teatro de piedra de Epidauro donde 10.000 espectadores, ubíquense donde se ubiquen pueden escuchar a los actores, hermoso momento de comunión y de democracia venido de la antigua Grecia.

Hoy podemos ser millones, hermosa muestra de los avances de la tecnología, la convención a un clic, y pandemia obliga, desde nuestras fortalezas veremos desarrollarse el espectáculo.

Por primera vez ante vuestros ojos, una convención virtual, se pide al respetable público no moverse de sus sillones, que, tras una pequeña pausa comercial, la convención continuará desarrollándose.

Antes de prender mi televisor, me pregunté ¿quién seguirá la convención en este tiempo de convenciones?

Por supuesto los donantes, para comprobar si su inversión está resguardada, puesto que la política nos acostumbró a medirla en dinero y no en ideas.

Tras un discurso afortunado, se ve la curva de dinero que entra en la campaña, tras un tropezón del candidato o de la candidata se ve moverse la curva de dinero en Wall Street, los donantes se acomodan en sus respaldos, o se mueven inquietos en sus asientos.

La seguirá la elite, los entendidos, los educados, el pueblo culto, aquellos, los dueños de la palabra, los que se creen poseedores de la verdad y hablan a nombre del populus, ese populus mayoritario que conforma la clase baja entre los habitantes del país.

En tiempos de convenciones me pregunto ¿quién escuchará los discursos de pe a pa, quién se levantará de su silla trémulo de emoción tarareando: la política siendo humana tiene algo de divino… pero de “El plebeyo” se pasa a la Divina Comedia.

Me pregunto si los millones de indocumentados seguirán las convenciones esperando solución a su martirio.

Me pregunto si aquellos que no se han inscrito para votar seguirán los discursos esperando un discurso que los escuche y los visibilice.

Me pregunto si aquellos cuyos votos se piensa se poseen escucharán los discursos.

Me pregunto si Georges Floyd o Breonna Taylor hubieran escuchado los discursos.

Me pregunto en qué momento la política dejó de ser una ciencia, un arte, y nos abandonó.

¿En qué momento dejó de tomar en cuenta la opinión del ciudadano para definirse por la opinión de los detentores de la riqueza?

¿En que momento dejó de tomar en cuenta la opinión del pueblo para dar a su opinión la categoría de opinión del pueblo?

Tiempo de convenciones, tiempos de reflexión, más allá de los discursos preguntémonos por qué una inmensa mayoría no seguirá los discursos y como máximo se contentará con resúmenes en los noticieros.

Me pregunto si la primera de las convenciones no nos presentará un coro antitrumpista sin un corifeo que lo interrogue, o si se levantarán voces que devuelvan al espectador de las pantallas del televisor a las sillas de piedra de Epidauro donde no existen las cortinas de luces o de humo y se habla de los problemas del ser humano y la respuesta la tienen 10.000 almas.

Reviso el programa y me pregunto a quién escucharé,

si no tuviera papeles a quién escucharía,

si estuviera desempleado, a quién escucharía,

si estuviera enfermo, a quién escucharía,

si mi piel fuera de color, a quién escucharía.

Me pregunto si la voz de la calle, de los desposeídos de la tierra se escuchará entre las gastadas, viejas y tradicionales voces, me pregunto quién me hará prender el televisor, apagar el svoboda, quién en la convención me dará la palabra, quien permitirá la entrada de las marchas de la calle al escenario central.

Pienso en el futuro, en la próxima obra, reviso el programa y ansiosamente espero qué me dirá quien puede ser la primera latina presidenta de este país, Alexandria Ocasio-Cortez, quizás ella traiga el aire fresco que necesitamos.

Comienza la primera convención y tengo miedo, miedo de que no interese, que pase como con la pandemia que bajo el miedo se comenzó a controlar, pero una vez pasado el miedo, en una fiesta colectiva regresamos alegremente a los brazos de la muerte.

Miedo de que el sonido se apague, que los televisores se apaguen, que millones continúen diciendo: “esto no es conmigo y salga quien salga, para mí no cambiará nada, cuando vaya a hacer la compra de la semana, mi canasta seguirá vacía”, y ello, la desconexión del populus con la política, la falta de los votos de los ignorados pueda abrir el camino a la peor de las tragedias, la reelección de Donald J. Trump, o en el futuro, de otro autócrata como él.

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