Reforma migratoria

Reforma migratoria, alguien tiene que ceder

Por Karina Borodnikoff

La reelección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos pone en evidencia la continuidad del apoyo de la población a las políticas demócratas, pero también se ha manifestado como un “voto castigo” en ciertas posturas y políticas planteadas por los republicanos.

Una de las principales cuestiones, que no logra resolverse, tiene que ver con la reforma migratoria. La falta de acuerdo, las políticas en detrimento de los inmigrantes, planteadas históricamente por el partido republicano, está llegando a su fin, (o debería hacerlo).

Una de las primeras reacciones, luego de la derrota, fueron las muestras de estar dispuestos a negociar reformas y plantear más seriamente nuevas políticas migratorias. Es una buena noticia, claro, pero que tiene sus raíces en la estrategia política y no en convicciones ideológicas. Se sabe que de no cambiar el rumbo y el discurso en materia migratoria, la pérdida de apoyo irá aumentando y difícilmente mejoren los porcentajes electorales obtenidos en las recientes elecciones.

“Necesitamos una estrategia de sentido común que garantice la seguridad en nuestras fronteras, refuerce nuestras leyes y arregle el fallido sistema de inmigración”, aseguró  John Boehner, portavoz de la Cámara de Representantes, pocas horas más tarde de conocerse los resultados finales de los comicios. Reconoció la necesidad de llegar a un acuerdo con los demócratas e instó a Obama para que asumiera el liderazgo de las negociaciones.

La poco feliz (con mirada optimista) ley de Arizona aprobada en 2010, puso en evidencia el lado más conservador e intolerante de quienes vieron en este extremo una posible solución al conflicto migratorio.

Al recuperar la Cámara de Representantes, equivocaron la estrategia y olvidaron gobernar a mediano y largo plazo. El propio Mitt Romney enalteció la controvertida ley y la propuso como ejemplo nacional alentando las autodeportaciones de indocumentados. Este fue el alcance de la solución planteada para la inmigración ilegal. Este fue el grado de elaboración (bajísimo) para uno de los tres temas prioritarios de la política norteamericana.

Llega la reacción. A menos de un mes de las elecciones, la Cámara de Representantes, con el ala republicana a plena conciencia de que debe acercarse al electorado hispano, entre otros, plantea un pronto tratamiento de una nueva ley que comience a dar respuestas satisfactorias a una problemática impostergable.

La propuesta de los republicanos, que cuentan con la mayoría, sería la de tratar en las próximas horas una ley ya planteada tiempo atrás que, dicen, ampliaría el número de visados de una porción muy selecta de la población: los estudiantes de altísima cualificaciones.

Con tinte más elitista que integrador, la denominada Ley de Empleos STEM (la siglas se corresponden a “Science, Technology, Engineering and Mathematics”) apunta a otorgar 55 mil permisos de residencia a quienes sean graduados superiores en las mencionadas áreas educativas.

Este proyecto fue rechazado por el 80 % de los demócratas por disminuir el número de green cards otorgadas a ciudadanos de África y América Latina.

Hay cierto esbozo de “gatopardismo” en la propuesta republicana. Si bien comienzan a aceptar que las políticas conservadoras y excluyentes los alejan de las verdaderas necesidades de la gente, tampoco es una posible solución pretender simular que algo cambia, para que todo quede igual.

 

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