Pedro Infante nunca será olvidado

Pedro Infante
Pedro Infante

 

Por Fernando Campos

IMPACTO

 

Ya comenzaron en México los homenajes oficiales para conmemorar un nuevo aniversario de la muerte del inolvidable ídolo Pedro Infante, quien pereció en Mérida, Yucatán, el 15 de abril de 1957, al estrellarse la avioneta en que viajaba rumbo a la capital mexicana.

Y a pesar de que por ley de la naturaleza el tiempo tiende un manto de olvido en figuras del espectáculo que tuvieron fama y gloria en algún momento, no ha sido éste el caso del que fuera  la figura de más arrastre del cine mexicano de todos los tiempos.

Hoy, con nuevas generaciones que nacieron después de la infausta partida de Infante, se le sigue venerando con un cariño muy especial sólo reservado para los artistas que han logrado una total identificación con el pueblo.

Y su melódica voz, su talento natural para la actuación y picardía viril han quedado por siempre plasmados en un gran número de películas que por medio de la tecnología moderna están al alcance de todos a través del mismo cine, los discos, la televisión y grabaciones en video.

En nuestros años mozos, cuando nos iniciábamos en las lides del periodismo, en una de esas tardes inolvida-bles que viven siempre en nuestros recuerdos, tuvimos la oportunidad de ver en escena a Pedro Infante en el escenario del viejo Teatro Puerto Rico de la Avenida Brooks del Bronx, y gracias a dos amigos ya desaparecidos — el animador del espectáculo, Willie Chevalier, y el administrador del teatro, Carlos Montalbán; ese mismo, el hermano de Ricardo Montalbán — después del espectáculo fuimos invitados a charlar un rato entre bastidores con el admirado astro; y para colmar la copa, nada menos que María Félix, la de la legendaria belleza, estaba allí presente, ya que Infante la tenía esa tarde  como invitada de su espectáculo.

De la Félix, nos deslumbró su increíble presencia, pero más que todo nos sorprendió su amabilidad, que no era precisamente lo que la caracterzaba en opinión de muchos.

Pero de Infante lo que encontré fue que un pino nuevo en el periodismo necesistaba — la reafirmación de que sí teníamos la condición para desenvolvernos en esta noble profesión.

El gran artista nos trató como si hubiera tenido frente a un consagrado periodista, no al neófito que yo era en realidad. Porque así era este hombre sencillo y de pueblo, que aunque carismático y de gran talento natural, sabía tratar a los demás de igual a igual, como si no estuviera consciente de que él era Pedro Infante.

 

 

 

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