EDITORIAL
La ciudad de Nueva York ha retornado a la efervescencia de sus innumerables celebraciones y dentro de ellas una de gran importancia para toda la comunidad latina es la del Mes de la Herencia Dominicana.
Cuando el periódico Impacto vio la luz en 1967 en Washington Heights, ya la comunidad dominicana estaba establecida y desde entonces, en este ya más de medio siglo, ha visto un crecimiento considerable, pero no solo en términos numéricos.
La comunidad dominicana es no solo el grupo étnico más grande de la ciudad, es ante todo un grupo cuya pujanza en diferentes frentes, le convierte en paradigma para todas las demás comunidades.
La presencia dominicana se siente a nivel político, con sus innumerables representantes en todos los nivel del gobierno, eso asegura que las necesidades fundamentales de los dominicanos sean tomadas en cuenta al momento de hacer nuevas leyes, de cambiar las que ya existen o de proponer incluso la eliminación o derogación de leyes vigentes.
La representación política asegura además la designación de fondos federales, estatales y municipales para proyectos de infraestructura, incluso para proyectos culturales y educativos, de salud, de vivienda, que son las necesidades básicas del ser humano.
Los pequeños, medianos y grandes empresarios dominicanos, no solo promueven creación de empleos, pago de impuestos, energizan la economía local, además promueven el comercio, la integración, la diversidad cultural y étnica de la ciudad y la activación del comercio exterior.
Los creativos, activistas culturales, académicos e intelectuales dominicanos, rescatan la historia de su comunidad en Nueva York, promueven el desarrollo personal y comunitario, aportan al engrandecimiento del conocimiento y del arte.
Los profesionales dominicanos en muy diferentes ramas, demuestran con su talento, esfuerzo y profesionalismo a engrandecer no solo la representación de su patria natal en la llamada Capital del Mundo, adicionalmente demuestran, como parte de la latinidad, los aportes de los latinos en general.
Los transportistas dominicanos, los trabajadores de primera línea en el tan importante y vital sector de la salud, son parte del sistema sanguíneo central de la ciudad de Nueva York.
No importa el rango, la rama, los años de experiencia, los dominicanos de todas las edades y de todas las regiones de Quisqueya son parte integral de la ciudad y un gran ejemplo a seguir.
Esperamos que cada vez más amplíen sus horizontes para integrarse más a su comunidad latina, porque esta es la principal garantía que tienen para que todos los logros conseguidos se amplifiquen, refuercen y multipliquen.
La comunidad dominicana de Nueva York tiene todo para convertirse en el motor de un avance más grande y de mayor impacto a nivel local e incluso nacional. ¡Viva Quisqueya!



























