
Con un elenco de bailarines que destilaron gracia y exquisitas coreografías del Mestizo Dance Company, el coreógrafo mayor, Mario Moreno, vuelve a traernos una danza colombiana genuina y lugareña, respetando al máximo lo intrínseco de cada región del país.
Cada movimiento y cada paso de "COLOMBIA Revista Musical" es cuidadosamente reproducido respetando el estilo y la cadencia que cada lugar le impone a su danza tradicional.
Por otro lado, la música en escena de Harold Gutiérrez, con el consabido virtuosismo de Jaime Mancera en saxo y flauta, Jonathan Gutiérrez en guitarra y vocalización de tradicionales temas, Ronald Polo en tambores y voz, Martín Vejarano en percusión y Andrés García en bajo, eleva este espectáculo en calidad y autenticidad de sonido a un nivel de primera magnitud como revista.

Los temas fueron paseándonos por las cuatro grandes regiones de Colombia.
En el segmento de Los Andes colombianos, donde el bambuco es el ritmo imperante, se vieron temas como “Payanesita” de Rafael Tobar Gómez, dedicado a una dama de Popayán, la ciudad de la región del Cauca en el sudoeste colombiano y que abrió el espectáculo con mucha expresividad.
Le siguieron temas como la “Rajaleña y San Juanero” de Anselmo Durán y Sofía Gaitán, una danza del centro sureño del país, seguida del bambuco “Adrián, Mercado Campesino”, de Haroldo Gutiérrez, y de la tradicional y movida “Redova”, con reminiscencias del este europeo y bailada en la región de Antioquia.
Siendo Colombia un país de toreo, no faltó el pasodoble “La Feria de Manizales” de Guillermo González que Mestizo revive con colorido y mucho acento español.
En el bambuco “La Ruana” de Luis C. González, las líricas traen el recuerdo de la fusión de las quijotescas costumbres españolas con las voces del mestizaje de los indios Qimbayas, dando lugar al celebrado lamento (blues) colombiano.
Fulgencio García compuso el pasillo “La Gata Golosa” que Mestizo reprodujo con una gracia auténtica y burlesca tratando de reproducir como los colombianos imitaban a los europeos en sus pretendidos valses vieneses.
“Guanera” de Nicanor Díaz es una melodía andina en homenaje a las bravas mujeres de Nariño que combatieron en las luchas por la independencia colombiana.

Para cerrar el paseo montañero, Haroldo Gutiérrez hizo viva su composición “Estampa Indígena”, un ritual que evoca la tremenda conexión de nuestros lugareños pre-colombinos con la naturaleza.
Llegamos a Los Llanos colombianos, región que comparten con Venezuela y donde el joropo hermana estos dos países.
“Luna Roja” de Jorge Villamil es un típico paseo llanero, lleno de expresividad y melancolía evocando la sensación de libertad que despierta el llano.
El tema “El Pajarillo” fue brindado ‘a capella’ y bailado con esa particularidad del llanero que se extasía con ese virtuosismo típico del hombre de esta región.
El joropo “Carmentea” de Miguel Angel Martín es un tema que se explaya en un paralelismo entre la belleza de los llanos orientales con la de sus mujeres.
La costa del Pacífico fue recreada por tres temas que llegaron muy auténticos traídos por bailarines que no sólo trajeron su arte bailable sino su propia raza a lucir.
La “Careona…vení meneate” fue reproducida con pasión y una fuerza interpretativa inconmensurable, para dar paso a otro tema que cada vez que Mestizo lo trae en programa, la audiencia se eriza.
Es el tradicional tema “La Mina” que es un lamento lleno de profunda tristeza del negro que rechaza volver a las minas, prefiriendo la muerte antes que lo condenen a volver.
Por último, “El Negro Jesú” de Luis Posso Currulao, revive el canto jubiloso del pescador que sale al mar a buscar el pez bueno que alimenta… una danza que Mestizo la colma de alegría.
La algarabía de la costa del Pacífico trae la cumbia festiva al ruedo y todo se vuelve fiesta, la fiesta reconocida internacionalmente que Colombia ha sembrado por doquier.
“El Arenal” de Victor Manuel Gutiérrez se funde con la “Cumbia Cienaguera” de Andrés Paz y el escenario se nutre de coloridas “polleras” en total despliegue de bailarinas que insinúan sinuosos movimientos de cadera tan femeninos como sensuales.
Harold Gutiérrez trae en el “Mapale” la reminiscencia de la popular cumbia “Prende la vela” de Luis Bermúdez y la cumbia de Cartagena nos muestra la tremenda influencia africana de este ritmo entrador y sensual.
Con un juego de luces que deja a las velas brillar con luz propia, los bailarines nos traen esa combinación de danza y gran donaire donde los colombianos nos llaman a su pasión más arraigada, el baile, que ellos practican con un fervor pasional.
No tenemos palabras para elogiar las destrezas de los bailarines Yolanda Castillo, Yuri Pacheco, Angélica Jaramillo, Gabriela Alvarez, Damiana Reyes, Diana Bejarano, Dayana Gordillo, Linda Cadavid, Karina Blanco, Julián Amezquita, Alexander González, Juan Carlos Muñoz y Eudis de Milagros.
Ni tampoco el afán que le ofrece Armando Moreno, director artístico y coreógrafo, junto a su ayudante de coreografía Julián Amezquita y el gerente de producción Wilson Fernando Mesa que hacen de este espectáculo algo digno de no dejar pasar sin verlo.
No podemos olvidar el tremendo esfuerzo que hace Angel Gil Orrios como productor del Thalia Hispanic Theatre en traernos espectáculos de la magnitud de esta Revista Musical de Mestizo Dance Company, un esfuerzo tan grande como brillante que nos brindan año tras año desde 2002.


























