ENTREVISTA EXCLUSIVA

Mario Artaza, como prefiere que lo llamen, considera que la “vida es realmente un círculo”, una frase que tiene su razón de ser, al compartir su vocación de servicio diplomático heredado por su padre y lo artístico y cultural por su madre.
Llegó a los Estados Unidos por primera vez, como él mismo recuerda, “en una canasta”, en el año 1964 teniendo menos de un mes de haber nacido, porque su padre estaba destinado diplomáticamente a servir en la embajada de Chile, en Washington.
Ha tenido un trajín de ir y venir, por varios países entre los años 1964 y 1969, luego su familia se radica en los Estados Unidos hasta los años 80 donde se gradúa en Georgetown Preparatory School, una institución de enseñanza media jesuita.
Sus raíces las tiene muy marcadas y regresa a Chile, donde se tituló de periodista en la Universidad Católica, luego estudió un posgrado en Relaciones Internacionales en la Universidad de Chile.
En Chile trabajó como periodista mientras estaba en la universidad, recuerda que siempre ha tenido un genuino afán por trabajar.
“Yo empecé a trabajar en la calle a esos de los 14 cortando césped, lavando auto, lavando platos, es decir, se lo que es trabajar cargando equipaje en hoteles, es decir, yo tuve una formación muy estadounidense en cuanto a estar con la gente y trabajando con la gente en la calle”, relata Mario sus anécdotas que en algún momento planea plasmarlas en su memoria de vida.
Para el año de 1993 decide postularse a través de un concurso público para ingresar a la Academia Diplomática de Chile en memoria de Andrés Bello, “el gran maestro”, como lo llamó el Cónsul.
Mario Artaza, se especializó en el área de relaciones económicas internacionales, y su primer destino diplomático fue Singapur. Estuvo durante 5 años trabajando como representante de Chile, en el secretariado del Foro Económico Asia-Pacífico “APEC”.
Sus procesos exitosos lo llevaron a poner en marcha varias negociaciones con China, donde fue testigo de varios hitos históricos de despegue económico, social y comercial. Su paso por el continente asiático fue de más de 20 años.
Después de adquirir experiencia y llegar a un rango dentro de la carrera diplomática, Mario Artaza, considera que era el momento adecuado para presentarle a su esposa con quien está casado hace 25 años y a su hija de 22, el cómo había sido su juventud y su vida en Estados Unidos.
Eso lo animó a postularse para venir como Cónsul General de Chile a Nueva York y para su mayor dicha, obtiene la plaza. Llega con la intención, sin duda, de trabajar por su país y al mismo tiempo, reencontrarse con su familia.
“Yo tengo familia viviendo en esta parte del mundo, tengo sobrinos, mis compañeros de colegio. Sin olvidar que yo estuve toda mi juventud aquí. Acá fue mi primera cerveza, mi primer baile, mi primer amor, es decir, aquí yo tenía mucha raíz y me quería reencontrar con eso y presentarlo a mi familia”, recuerda.
Mario Ignacio Artaza, asumió como Cónsul General de Chile en Nueva York el 16 de marzo de 2020 y el 18 de marzo se cierran las puertas del consulado a causa de la pandemia del COVID-19.
Tanto para el Cónsul, como para el personal, ese fue el inicio de un camino de mucha humildad ante la brutalidad de lo que significó y sigue significando la pandemia para las comunidades latinoamericanas en Nueva York y los estados que forman parte de la responsabilidad del consulado.
A pesar de haber cerrado sus puertas “nosotros nunca dejamos de estar en la calle, al contrario, somos de la opinión de servir a nuestras comunidades y de estar presente siempre con ellos”, explica el diplomático durante el transcurso de la entrevista.
Aquel espíritu de reportero que aprendió en las calles de Chile, lo recuperó en Nueva York, es decir, estuvo presente en dónde se le requería, y fue, según su relato, muy impactante ver las realidades, y de alguna manera, brindar contención emocional principalmente a muchas familias que fueron devastados por la pandemia.
El trabajo del consulado se destaca por poner en marcha la creatividad y el trabajo en terreno en una era después del COVID-19, en donde la gente los ve como seres humanos y no como autoridad diplomática o consular.
“Yo siempre digo: yo tengo dos ojos, nariz, una boca, respiro, siento, lloró. Soy como cualquier otro chileno o chilena que está aquí, por lo tanto, trato de que ellos se den cuenta que ante todo yo soy Mario y que estoy a su servicio por vocación”, destaca Artaza ante sus coterráneos.

¿Qué actividades están realizando para resaltar a los chilenos en el mes de la Herencia Hispana?
- Nosotros somos una comunidad pequeña en comparación con otras comunidades latinas en Nueva York en la zona circundante, hay que ser sincero. No somos los cientos de miles de mexicanos y decenas de miles de ecuatorianos; pero hacemos ruido, y hacemos ruido en positivo.
Entonces nosotros cuando tenemos fechas importantes para darle relevancia, de alguna manera nos hacemos notar.
Nosotros para el mes de octubre tenemos una actividad que, creo que es muy relevante, y que la organiza una fundación llamada Notes for Growth, y que se va a realizar en Carnegie Hill. Es un concierto donde chilenos y chilenas jóvenes van a interpretar música y algunas piezas inéditas de compositores nuevos.
Nuestra gran artista Verónica Villarroel, que es una artista de renombre mundial en la ópera, va a interpretar una canción en idioma de un pueblo originario chileno.
La actividad se llama Tremun, es una actividad que esta fundación Notes for Growth, tiene como orientación recuperar instrumentos especialmente pianos, y mandarlos en contenedores a Chile para que gente joven, especialmente en localidades donde no tienen acceso a esos instrumentos, puedan tener una aproximación a la educación
musical.
Este es un evento muy significativo de aporte en tiempos en que nos damos cuenta del valor que tienen los pueblos originarios en el engranaje de nuestras comunidades, y también de nuestra nación.
¿Qué actividades están realizando desde las instituciones chilenas o el mismo consulado en el emprendimiento basado en la tecnología?
- Lo estamos haciendo porque este consulado trabaja en la parte consular y en la parte social, pero también, tiene una oficina económica y comercial de ProChile.
De hecho, hace pocos días nosotros tuvimos aquí en los Estados Unidos la visita de Corfo que vinieron justamente para apoyar, resaltar e interactuar con chilenos y chilenas que ya están trabajando en emprendimientos innovadores desde Nueva York, pero, también desde Massachusetts con el programa “Chile-Massachusetts”.
Trabajamos mucho con universidades también, interactuamos con universidades en donde resaltamos las oportunidades de emprendimiento e innovación tecnológica,
desde donde pueden partir pensando en Nueva York como una plataforma.
La comunidad chilena universitaria no es pequeña aquí en Nueva York y en zonas cercanas como Pennsylvania, Massachusetts, New Jersey, Connecticut, es decir, hay una importante masa de chilenos y chilenas, a tal punto, que se han llegado a organizar programas de maestría y doctorado, incluso para promover talento y capacidades en
ciencia y tecnología.
En la semana tengo distintas reuniones que están orientadas al ámbito cultural, educacional que está orientado a profundizar conocimientos en ámbitos de relaciones
internacionales, economía, comercio y tecnología de punta.
Tratamos de ser un consulado fuera de lo común, cuando yo me vaya yo quiero que el legado que hayamos hecho durante mi gestión es que fuimos un consulado fuera de lo
común.
¿Qué cree usted que necesita América Latina para de una vez por todas tener ese desarrollo a ese empuje hacia el desarrollo económico, social y político?
- Al final todo se basa en la educación, la palabra clave es educación y, a través de ella, uno no solamente recibe herramientas que puede poner en marcha en un empleo, sino también en cuanto a convivencia.
La convivencia es vital para poder avanzar hacia un mundo en paz, en desarrollo estable, en donde la competitividad no sea a cualquier costo, en donde la diversidad sea valorada, en donde la diversidad también sea incorporada como factor que potencia la ecuación.
Todo ello se nutre desde la educación, no tengo duda alguna de esa palabra, que comienza en el hogar. La educación del hogar es el primer paso, si en el hogar el hijo o la hija ve trabajo, estabilidad, unión…, porque hoy en día hay mucha definición de lo
que es un hogar, pero cuando hay paz y estabilidad en ese marco, ese ya es un primer
ingrediente para que uno o una pueda dar otro paso.
Estamos hablando de procesos, pero los procesos nacen con quienes te rodean, ya sean tus amistades, tus familiares, aquellas personas que tú les dices papá o mamá; que pueden ser tus padres biológica, como también puede ser alguien que tuvo el valor, el cariño, el afecto, para hacerte parte de su vida.
La educación es primordial, junto con aquel grado de afecto que es necesario, porque nosotros somos seres humanos nos nutrimos sobre la base de que formamos parte de una comunidad; y el formar parte de una comunidad parte con ser escuchados.
¿Qué podemos aprender los países latinoamericanos de la ciudad de Nueva York?
- Yo le puedo responder de la siguiente manera. El Estados Unidos donde yo viví, época y lugar geográfico ha evolucionado completamente desde el tiempo que lo dejé hasta ahora, es decir, yo llegué a un Estados Unidos muy distinto al cual dejé en mi
momento de juventud.
También lo veo con ojos de adulto, no lo veo con los ojos de adolescente, por lo tanto, uno se da el tiempo para evaluar, otros factores y elementos. Antes para mí, venir a Estados Unidos era ir a la fiesta, ir a bailar, ir a comer, juntarme a jugar un partido de
fútbol, eran otras aspiraciones. Hoy uno ve el mundo mucho más amplio y, por lo tanto,
le toma otra temperatura.
Ahora, fortalezas: sin lugar a duda, lo latino, ese empuje, esa vibra latina, hace bien, es esencial, contribuye a expandir horizontes, a incentivar conocimiento, a ser respetuoso, a darse cuenta que uno forma parte de algo mucho más grande.
Te voy a dar un ejemplo, en el mundo latino que yo crecí cuando estaba en Estados Unidos, en mi colegio en esa época, en mi sala de clases no éramos más de cinco que éramos “distintos”, si uno quiere ponerle un adjetivo, ya sea afroamericano, latinoamericano, asiático, éramos cinco, y ahora me doy cuenta que mi colegio cuando
lo he ido a visitar es casi un tercio latino, asiático, afroamericano
Fui al colegio la semana pasada y le pedí abrir la puerta a un muchacho, le pregunté,¿de dónde eres tú? Y me dijo de Guinea-Bissau. Yo sé dónde queda, pero a los
dieciocho no sabía dónde quedaba, pero hoy forma parte de la realidad de mi colegio.
Estados Unidos cambió y cambió mucho, y sigue cambiando y evolucionando a través de esta diversidad cultural y diversidad idiomática. Cuando uno se da cuenta que en las universidades de Nueva York se hablan más de cien idiomas, tú te das cuenta que
estás en otro mundo.
Fortalezas de Nueva York, es mucho más globalizada de lo que fue hace muchos años, y que, al ser más globalizada, tiene otra forma de experimentar lo que es la ciudad.
Esta sigue siendo una capital de cultura. Yo soy una persona muy orientada a lo cultural por mi madre que legó joven ese cariño, ese aprecio al arte, a la música y al teatro, por eso hablamos de Rubén Dario, que lo leí aquí en Estados Unidos.
La diversidad cultural hace que Nueva York sea una ciudad más potente, siendo ya una plaza privilegiada de cultura con Broadway, con sus conciertos y con su deporte.
Uno se hace rápidamente partícipe de una ciudad que te acoge, no te sientes extranjero acá, al contrario, quiero más de Nueva York, tengo hambre de esta ciudad. Nueva York es una ciudad que te motiva a ser mejor, eso es también algo que llevo muy dentro después de esta pandemia.
Y lo recalcó, soy mejor persona hoy gracias al equipo con el cual yo trabajo aquí en el consulado y la comunidad a la cual sirvo y mis colegas cónsules de otros países latinoamericanos, con los cuales interactúo, aprendo escuchándolos, y sabiendo de sus buenas prácticas, de sus experiencias en una ciudad que a paso seguro vuelve a ser la ciudad que nunca duerme.
El ataque a las torres gemelas le dio un giro al curso de la historia en términos de
seguridad.
¿Qué giro cree usted que daremos ahora con la pandemia mundial del COVID-19, que también tuvo como epicentro la ciudad de Nueva York?
- Primero, la prevención; segundo, un trabajo en comunidad de naciones para responder rápidamente a los requerimientos de seguridad sanitaria, ya sea acceso a vacunas, acceso a implementos de protección personal a aquellas personas que son impactadas por la pandemia.
El tema también económico, y creo que es muy relevante en la ecuación de cómo generar confianza, empleo; también para recuperar económicamente economías que han sido afectadas fuertemente por interrupciones en cadenas de producción, de
exportación; los puertos, los caminos; los insumos médicos; los camiones.
Hay muchas lecciones que aprender. El cuidado al ambiente, la emergencia climática también nos azota en tiempos de pandemia, nos hace darnos cuenta que estamos en un planeta que está pasando por procesos de requerir la atención global para soluciones que beneficien a una comunidad global; ya sea en la antártica, en el mar, energías renovables, es decir, la pandemia no solamente tiene un efecto de salud, también tiene un efecto de seguridad humana, y cuando hablamos de seguridad humana tenemos que abordar otros elementos como alimentos, energías renovables por sobre las contaminantes; el acceso a educación, porque necesitamos también aprender de los errores que significaron una propagación de una pandemia con gente que pensaba que la pandemia no era tan impactante como lo que fue, gente que se negaba, que se sigue negando a vacunarse, y eso también forma parte de un proceso de educación
Esta pandemia, sin lugar a dudas, nos ha mostrado que ha habido un antes y un después para la humanidad entera.
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