
El domingo 3 de mayo se recordó el Día de la Libertad de Prensa y a pesar de que las actividades planificadas también fueron afectadas por la pandemia del COVID-29, los organizadores, encabezados por la UNESCO, postergaron para octubre su ceremonia anual y realizarán una celebración conjunta del Día Mundial de la Libertad de Prensa y el Día Internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas, que se celebra el 2 de noviembre.
Este 2020 los anfitriones realizar en octubre la ceremonia de entrega del Premio Mundial de Libertad de Prensa Guillermo Cano, galardón instaurado 1997 para reconocer a una persona, organización o institución que ha contribuido en forma estacada a la defensa y promoción de la libertad de prensa en cualquier parte del mundo, especialmente cuando se ha realizado en condiciones peligrosas, es decir a riesgo incluso de la propia vida.
En el 2010 la periodista chilena Mónica González Mujica, quien denunció los abusos de la dictadura militar, recibió este reconocimiento y este año, -después de una década en que ningún periodista latinoamericano había recibido el galardón-, la periodista colombiana Jineth Bedoya Limarecibirá el Premio Mundial de Libertad de Prensa UNESCO- Guillermo Cano 2020, por su trabajo centrado en el conflicto armado, el proceso de paz en Colombia y en la violencia contra las mujeres, que provocó el que fuera secuestrada por las FARC.
Sí, el periodismo es una carrera profesional que requiere no solo una base académica sólida, ante todo exige una elevada ética y valores lo suficientemente firmes, para no caer en la tentación de sucumbir ante la corrupción, la codicia o el temor.
Algo bastante difícil en un ambiente en el cual por el tema financiero los medios optan por trabajar con agencias informativas, en las cuales se camuflan agentes y lacayos de grupos, que usan a los medios para manipular la opinión pública.
Si bien el Día Mundial de la Libertad de Prensa ha sido una oportunidad para recordar la importancia de respetar la libertad de expresión y para concienciar sobre los problemas de la libertad de prensa, la pandemia mundial del coronavirus es una oportunidad para valorar el trabajo de los comunicadores, quienes al igual que otros trabajadores
esenciales, arriesgan su vida y su salud para mantener informada a la gente, un aspecto clave en la lucha contra el COVID-19.
Dentro del gran número de medios y periodistas, existen diferencias determinadas por muchos factores, pero sin duda el sustento académico, la imparcialidad y la calidad de los elementos e información presentados, son los que marcan la pauta sobre el periodismo profesional y otros dos grupos identificados fundamentalmente por el
periodismo sensacionalista, conocido como prensa amarilla y la crónica roja que es parte de ella, así como un nuevo grupo periodístico que sirve a intereses bien definidos de grupos de poder, dejando de lado el bienestar de las grandes mayorías, a los que en Colombia se llama prensa prepago o el equivalente a prensa prostituida.
En medio de una crisis global, que ahonda las diferencias socio-económicas, el dinero -independientemente de donde provenga-, ha sido un elemento determinante en el surgimiento de bandas periodísticas dedicadas a justificar, respaldar y promover a líderes y lacayos de círculos corruptos, que ante el trabajo legítimo de periodistas
profesionales e independientes, justifican su actuación calificándoles de prensa corrupta, porque no reporta lo que les conviene.
Sin embargo al final de los procesos investigativos, con pruebas y evidencias obtenidas por esos periodistas, se ha logrado determinar quien tiene la verdad de su lado y quien es realmente el corrupto.
El trabajo de periodistas profesionales e independientes de cualquier influencia malévola, es más indispensable que nunca antes.
El respaldo del periodismo en la lucha contra la corrupción es fundamental en Latinoamérica y para muestra las investigaciones del periodista Fernando Villavicencio en Ecuador, en el caso conocido como “arroz verde”, que destapó un sistema de coimas y otros negocios durante el gobierno de Rafael Correa.
Con su trabajo periodístico aportó elementos, pruebas y evidencia que permitieron a los fiscales de ese país, establecer una condena que incluye, -entre otras cosas-, ocho años de cárcel para el expresidente ahora prófugo en Europa.
La celebración del Día de la Libertad de prensa, que en Estados Unidos pasó casi desapercibida, ha sido no solo una oportunidad para evaluar la situación de la libertad de prensa a nivel internacional, para defender a los medios de comunicación de los atentados contra su independencia y para rendir homenaje a periodistas que han perdido la vidas en el cumplimiento de su deber.
Pero particularmente para valorar a los periodistas en Nueva York, -epicentro nacional de la pandemia-, quienes no han parado de trabajar, reportando, educando, promoviendo el sentido crítico y de análisis, que enfrentan cara a cara al COVID-19 y se mantienen en las trincheras de esta guerra contra un enemigo invisible, para destacar la labor de los médicos, enfermeras, policías; para resaltar el trabajo de todos quienes se mantienen activos preparando alimentos, transportando trabajadores esenciales, para exponer situaciones de riesgo, para amplificar el mensaje de las autoridades.
La actual pandemia rescata el papel fundamental que los periodistas desempeñan al proporcionar a todos los ciudadanos acceso a información fiable, en algunos casos vital, particularmente en situaciones de crisis.
Es oportuno y justo, reconocer los riesgos a los cuales se enfrentan los periodistas en el ejercicio de su profesión.
Durante esta pandemia, los periodistas deben mantenerse afuera, buscando las noticias, reportando y logrando acceso a la información, sobretodo no oficial.
Gracias al trabajo de los periodistas ha sido posible dar rostro a los números que diariamente presentan las autoridades y conocer casos reales, con nombres y apellidos de innumerables víctimas, para destapar el lado humano, además de dar credibilidad y pruebas a una población que en el principio y hasta ahora, es incrédula de la gravedad de esta crisis.
Un reconocimiento a todos los periodistas que enfrentan directamente al coronavirus y de manera especial a aquellos que han perdido la vida en esta tarea, en cualquier parte del mundo. Ellos también merecen un aplauso.


























