“No hay mayor pena en el mundo que la pérdida de su tierra natal”. Esta frase, atribuida al filósofo griego Eurípides, refleja el drama que han sufrido y están sufriendo millones de inmigrantes latinos que se aventuran en busca del sueño americano en Estados Unidos, además de dejar su tierra a raíz de persecución individual o de conflictos, debido a la crisis sociopolítica que viven en sus países de origen.

Dar respuesta a los inmigrantes que están llegando a Nueva York es de vital importancia, ya que esto constituye una prueba más de su compromiso en el campo de los Derechos Humanos, papel fundamental con el que se debe dar asistencia a cada refugiado en altas situaciones de riesgo y vulnerabilidad.

La protección y difusión de los derechos fundamentales de cada ciudadano inmigrante es uno de los principales objetivos con los que debe contar la administración del alcalde Adams.

Es imperativo que exista una alta sensibilidad de la complejidad que demanda este fenómeno que está alcanzando un gran índice de crisis humanitaria sin precedentes, además de las dificultades que implica su solución.

Nueva York, ciudad históricamente receptora de inmigrantes, crisol de culturas diversas y plural en la diversidad de pueblos, enfrenta en la actualidad una de las peores crisis humanitarias, principalmente por la llegada de inmigrantes enviados desde Texas por orden del gobernador republicano Greg Abott.

La reciente afluencia de solicitantes de asilo en Nueva York que buscan refugio en la ciudad es un gran desafío, y ahora más que nunca debe ser un gran ejemplo de colaboración entre las agencias y organizaciones de nuestra ciudad. Nos enfrentamos a una crisis humanitaria y nunca ha sido más claro que necesitamos ayudarlos y apoyarlos.

Por ello, la ciudad de Nueva York ha abierto Centros de Ayuda y Respuesta a Emergencias Humanitarias para albergar a los inmigrantes que continúan llegando a la gran manzana desde Texas y otros estados, pero es necesario que en estas tiendas de campaña no quede por fuera ningún detalle, sobre todo, en estos tiempos donde la temperatura alcanza grandes niveles de frío.

La integración social del inmigrante exige reflexión, pero no demora, lo que significa que las respuestas deben ser brindadas de inmediato y no a largo plazo, porque cada segunda en la historia de vida de sufrimiento de estas personas representa una eternidad.

La integración social del inmigrante debe ser el resultado de un proceso humano y armónico, por lo que debe existir una red de articulación de proyectos y asistencia, donde el Estado, la Ciudad y organizaciones en pro de los derechos del inmigrante aúnen fuerzas que brinden soluciones inmediatas.

Pensamos que debe cuidarse mucho el marco en el que se desarrolle el proceso, desde una perspectiva integral e integradora, atendiendo a la totalidad de los aspectos, y necesidades de supervivencia, laborales, sociales y convivenciales de cada ciudadano inmigrante que experimenta cambios en una ciudad totalmente ajena y desconocida.

Es importante, pues, el proceso de incorporación del inmigrante a una sociedad concreta en igualdad de condiciones con los ciudadanos autóctonos, y considerada en dos dimensiones básicas: la socioeconómica y la cultural.

En la que también todo ciudadano inmigrante cuente con los mismos derechos, es decir, a tener una vivienda digna, un trabajo decente, atención médica, educación de calidad, etc.

En este sentido, la relación necesaria entre inmigrante y sociedad debe encontrar su propio camino y recorrerlo en armonía. Es imposible el funcionamiento sin la convivencia de ambos elementos.

Asimismo, el gobierno del presidente Biden y la gobernadora Hochul no cuentan con un plan inmediato de respuesta, deben estar prestos a apoyar a la ciudad de Nueva York, que ya se encuentra al borde del colapso.

Esto representa también una alerta, porque las olas de inmigrantes que llegan a Nueva York y a Estados Unidos en general tienen al sistema en la cuerda floja, por lo tanto, las consecuencias pueden llegar a ser estratosféricas.

Los inmigrantes no deben ser vistos como un factor negativo en la economía, por el contrario, se deben buscar soluciones inmediatas de reinserción social y laboral, porque la mano de obra latina Construyen, cocinan, manejan, empaquetan, venden, curan, cuidan, asisten, enseñan, arreglan y fabrican. Estas son algunas de las muchas cosas que hacen los inmigrantes en la ciudad Nueva York —única en su haber—, es motor fundamental en cualquier economía, y así lo ha demostrado en la ciudad de Nueva York, cuando durante la pandemia estas personas estuvieron trabajando en primera línea.

Ahora que Estados Unidos experimenta una de las mayores inflaciones registradas, la mano de obra latina —una población activa— es un mecanismo permanente con el que se puede hacer frente a esta problemática.

Pero mientras republicanos y demócratas permanecen en su juego político, la comunidad inmigrante cada vez se ahoga más y su vida y su futuro inmediato están en juego.

Crisis humanitaria: La solución del flujo migratorio va más allá de la construcción de carpas

Compartir
[fbcomments]