ENTREVISTA EXCLUSIVA

Cada temporada navideña, millones de fanáticos acuden a ver a las Radio City Rockettes en Nueva York, emocionados por presenciar sus rutinas clásicas, la energía musical y el talento excepcional de este icónico grupo de bailarinas.
Durante más de quince años, una de esas artistas fue Lillian Colón, una pionera que se convirtió en la primera Rockette latina en iluminar ese escenario legendario.
Desde un orfanato del Bronx hasta una escuela secundaria de artes escénicas, Colón superó cualquier obstáculo y siguió su profunda pasión por las artes con convicción y disciplina.
Su trayectoria profesional comenzó en “West Side Story” en el Lincoln Center, un punto de partida que la llevó a trabajar en teatro, televisión, clubes nocturnos, giras internacionales y coreografía.
Entre sus numerosos logros, ha sido Invitada de Honor y Madrina en tres desfiles del Día de Puerto Rico, fue nombrada Mujer Puertorriqueña del Año por el periódico El Diario, y actuó en el Broadway Music Circus de Sacramento y en la 61.ª edición de los Premios Óscar.
A lo largo de su carrera, ha colaborado con figuras emblemáticas como Lainie Kazan, Steve Merritt, Olga Breskin, Alan Johnson, Joe Layton, Donald McKayle, Michael Bennett, Chita Rivera, y trabajó como coreógrafa con Menudo.
Más recientemente, Colón publicó su autobiografía, “Lilly: The First Latina Rockette”, alcanzó su sueño de aparecer en la película “In the Heights”, y continúa enseñando danza en la ciudad de Nueva York.
En esta entrevista exclusiva con Impacto Latino, Colón comparte detalles personales sobre su experiencia como la primera Rockette latina y su extraordinario camino artístico.
¿Qué despertó su amor por el baile y cuándo supo que podía convertirse en una profesión?
-Yo empecé en los proyectos en el Bronx, y me quedé ahí tres años. Después, fui a un orfanato. Fue la casa de los Kennedys de verano que se convirtió en orfanato. Me quedé allí hasta los dieciocho años.
Allí es cuando empecé a bailar. Las monjas trajeron una maestría de baile una vez al mes. La primera clase que tomé, me enamoré y no miré para atrás.
¿Qué obstáculos enfrentó al buscar oportunidades profesionales en esos primeros años?
-Las monjas no querían que yo entrara en la escuela secundaria de artes escénicas, pero yo quería bailar. Entonces, allí empezaron mis clases de baile formal. En el orfanato, había muchos celos y me dijeron que no era una carrera para una niña católica.
Me casé para salir del orfanato a los dieciocho, pero fue un casamiento con violencia doméstica. Huí de allí, y me encontré sin hogar en Broadway. Una chica me ofreció su sofá, y al siguiente día, abrí el periódico y vi una audición. Agarré mi ropa de baile, y me fui corriendo. Llegaron cinco chicas, y me escogieron a mí.
¿Cómo reflexiona sobre su evolución en los años previos a Radio City?
-Ser coreógrafa de Menudo fue algo que me llegó al corazón, como son puertorriqueños. México fue muy impresionante para mí. Hice mi propio show, aparte del show de Olga Breskin, televisión y películas. De allí, me llamaron para hacer “A Chorus Line” en Broadway, y eso fue espectacular. Bailé en diferentes shows internacionales. Trabaje en “Can-Can” con Chita Rivera.
Yo la adoraba, y quería ser como ella. Todas esas oportunidades fueron increíbles. Lo más impresionante para mí fue poder hacer el show de los Rockettes en español. El presidente estaba haciendo una charla de café con las chicas. Yo fui y le dije, “¿por qué no hacemos el show en español para toda la comunidad latina?” De allí, monté el show en español para ellos, y lo hicieron cinco años.
¿Cómo describiría la experiencia de ser la primera Rockette Latina?
-Es un trabajo fuerte, un legado muy importante para mí y para la comunidad latina. Todas las bailarinas con las que baile tenían apoyo. Tenían a sus mamás, sus papás, y las clases. Nosotros no tenemos eso en nuestra comunidad. Entonces, yo quiero enseñar a los niños que sí yo lo hice sola toda mi vida, que también ellos lo pueden hacer, sin importar de dónde vienen.
Cuéntenos sobre sus trabajos recientes, como el libro que escribió y su apariencia en “In The Heights”.
-Nunca pensé que yo tenía una historia. Pero, yo escribí el libro para inspirar, incluso a mí misma. Por otro lado, fue muy difícil entrar en “In The Heights”. Fui a audicionar. Tenía 64 años en ese momento. Cuando entré y vi todas esas chicas bonitas, dije yo no me veo nada como estas niñas ahora. Pero, me escogieron. Aunque fue muy difícil bailar en noventa grados de calor en verano, me llenó mucho trabajar con Lin-Manuel Miranda y un elenco de puros latinos.
¿Cómo percibe usted la representación latina en el mundo de la danza actualmente?
-Me gustaría que hubiera más representación latina en el mundo de la danza, especialmente en los Rockettes. Para mí, no fue tan difícil con las chicas. Me aceptaron, y son mi familia ahora.
Pero, para introducir el ambiente latino en Radio City, fue otra cosa. Fue un espacio para enseñarles que es una comunidad que sí vale. Sin embargo, cuando entraba una periodista, me dijeron que no me podían entrevistar en el edificio. Entonces, tuve que salir a la calle para mi primera entrevista, sin vestuario. Eso significa que estamos tratando de abrir las puertas para todos los latinos. Ya estamos mejorando, pero creo que nos falta mucho para llegar.
¿Qué consejos daría a las jóvenes bailarinas latinas que sueñan con entrar en espacios donde aún no han sido representadas?
-Este mundo del baile nos llena, más a los latinos, porque tenemos la energía y el sentimiento. No todas las bailarinas tienen eso. Lo que no tenemos es la técnica. Si trabajas fuerte, y sigues para adelante, no dejes que nadie te diga que no lo puedes hacer.
Si no, llámame, yo te digo que lo puedes hacer.






























