
En el Mes de la Historia Afroamericana cabe destacar la historia de una de las mujeres afro-latinas más icónicas en la industria de la música: Celia Cruz.
Celia Cruz, o Úrsula Hilaria Celia Caridad Cruz Alfonso, nació en Habana, Cuba, el 21 de
octubre de 1925 y falleció el 16 de julio del 2003 en Fort Lee, Nueva Jersey. Sin embargo, su legado nunca desaparecerá. En realidad, sigue creciendo.
La “Reina de la Música Salsa”, Cruz tuvo una trayectoria de más de 60 años como cantante, presentadora, intérprete, e inspiración para las masas.
Con su amplio rango vocal casi operístico, su ritmo y estilo original y cautivador, su
personalidad humorística y brillante, su grabación de más de 80 discos y canciones, y 23 Discos de Oro, Celia Cruz ha revolucionado el mundo entero con su talento, otorgándole varios reconocimientos.
La cantante de salsa multipremiada ha ganado cinco premios Grammy, ha recibido una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, la Medalla Nacional Estadounidense de las Artes por el presidente Bill Clinton, doctorados honorarios de la Universidad de Yale y la Universidad de Miami, fue instalada en Billboards Salón de la Fama de la Música Latina, incluida en el Salón de la Fama de la Música Latina Internacional y muchos más.
Sus vestuarios llamativos se hicieron tan famosos que uno de ellos fue adquirido por la
Institución Smithsonian.
A través de los años, Cruz también se convirtió en una pionera del movimiento de la
AfroLatinidad, incorporando sus raíces Africanas en su estilo.

Ha presentado con artistas afroamericanos reconocidos en esos tiempos como B.B. King y James Brown, y también con celebridades como Gloria Estefan y Dionne Warwick, simbólico de su esencia multicultural y alcance global.
Pero, no fue fácil llegar a ese punto de su vida cuando todo tenía sentido, cuando verdaderamente cumplió su destino.
Celia Cruz creció en el distrito de la Habana Santo Suárez, en una familia de cuatro hermanos.
Su pasión por la música empezó temprano en su vida, pero nunca supo que iba a ser su carrera y su mundo completo.
Una leyenda cuenta que su primer par de zapatos fue un regalo de un turista por haberle cantado.
Cruz comenzó con gestos pequeños, como cantar por sus hermanos, en la escuela, en la
comunidad, y en cabarets.
Su dedicación creció cuando desafió a su padre, quien quería que ella fuera profesora de
literatura, y decidió estudiar música en el Conservatorio Nacional de Música de la Habana.
Poco tiempo después, Cruz ganó un show de talento, dirigiendo la atención de varios ejecutivos de música y artistas reconocidos hacia ella.

Empezó su ascenso como cantante principal de los grupos musicales Las Mulatas Del Fuego y La Sonora Matancera, haciendo historia como la primera cantante con raíces Africanas en el segundo grupo.
Grabó su propio álbum con La Sonora Matancera, “Canta Celia Cruz” en 1956, recorrió todo Latinoamérica en giras y también se mantuvo local cantando en el club nocturno Tropicana de la Habana.
Sin embargo, cuando vino la Revolución Cubana de 1959, los miembros del grupo, incluyendo a Cruz, huyeron a México y a los Estados Unidos. Fidel Castro, decepcionado, la prohibió de regresar a Cuba, y Cruz nunca regresó a su patria.
Ella encontró una nueva casa en Nueva Jersey, una nueva familia en Pedro Knight, su esposo, director y representante musical, y un nuevo camino en el género emergente de música “salsa”.
Aunque había grabado varios discos con Tito Puente, la carrera de Cruz tuvo un desarrollo lento hasta que descubrió la salsa, un estilo que atrajo a los jóvenes.
Creó versiones de salsa de clásicos Latinos con la disquera de Johnny Pacheco, “Fania”, cantó en Carnegie Hall, y modernizó su imagen para incluir vestimentas únicas y su propio estilo extravagante que todos conocen.

La única mujer en el grupo musical “Fania All Stars”, Cruz sobresalió como mujer, como
AfroLatina, y como talento musical, una voz dinámica para las minorías y grupos oprimidos.
A través de su trayectoria, colaborando con Pacheco, Willie Colón, Ray Barretto, y más, Cruz lanzó canciones y discos icónicos, como “Quimbara” (1974), “La Vida es un Carnaval” (1998), Ritmo en el Corazón (1988), y Siempre Viviré (2000).
Antes y después de su tiempo en esta tierra, documentales (My Name Is Celia Cruz), series de televisión (Celia), y tributos (“Celia Cruz: Azúcar!”) sobre Celia Cruz han infiltrado la cultura popular, contando su historia una y otra vez.
Celia Cruz sigue siendo una inspiración para todas las generaciones, una representación trascendente de la cultura afro-latina, y un icono duradero en la memoria de la industria de la música y del mundo.
Y en una entrevista en 1997, Cruz explicó por qué contó su verdad. “He cumplido el deseo de mi padre de ser maestra, ya que, a través de mi música, enseño a generaciones de personas sobre mi cultura y la felicidad que se encuentra simplemente viviendo la vida. Como intérprete musical, quiero que la gente sientan sus corazones cantando y que sus espíritus se eleven”.




























