EDITORIAL
Desde mediados de diciembre del año pasado están disponibles las vacunas, que son las mejores armas para erradicar la pandemia provocada por el COVID-19, el cual continúa asesinando a miles de seres humanos alrededor del mundo.
La ciudad de Nueva York tiene el privilegio de ser una de las primeras del planeta en contar con esta sencilla, pero poderosa arma.
Esta semana, durante la apertura del centro de vacunación en el estadio de los Yankees en El Bronx, entre otras cosas el alcalde de la ciudad dijo: “Se trata de equidad. Se trata de justicia.
Se trata de proteger a las personas que necesitan más protección, porque el Bronx es uno de los lugares que más sufrió esta crisis del coronavirus.”
Sería interesante que ese sentido de justicia se extienda a otro nivel, cuando se conoce que los países desarrollados tienen reservadas por adelantado millones de dosis de vacunas, que se necesitan en países en vías de desarrollo. Esta es una crisis global y si no se maneja como tal, ningún esfuerzo será suficiente.
El liderazgo latino a nivel nacional debe exigir que se comparta esa cuota de vacunas que se tiene reservada por anticipado y por lo cual los países en vías de desarrollo no pueden acceder a las vacunas que requieren para que sus poblaciones sobrevivan a la pandemia.
Esa es una razón poderosa para que los latinos en Nueva York se vacunen, el hecho de viajar, es una posibilidad latente de exportar o importar el virus y alargar esta pandemia
indefinidamente.
A pesar de la importancia de la vacuna, es comprensible que algunas personas de nuestra comunidad puedan estar preocupadas por vacunarse, pero la ciencia demuestra que no existe razón para ello.
Según lo que la ciencia sabe actualmente, las vacunas contra el COVID-19 son la única forma de evitar el contagio con este virus mortal y está demostrado que, las vacunas COVID-19 actualmente disponibles en Estados Unidos, son altamente efectivas para prevenir el coronavirus.
En la mayoría de seres humanos, el COVID-19 provoca complicaciones graves y potencialmente mortales. No existe manera de saber cómo el virus va a afectar a una persona, pero si lo adquiere lo puede transmitir a familiares, amigos y otras personas a su alrededor, aún cuando no presente síntomas.
Una parte importante de la lucha contra el coronavirus son las pruebas y la única protección existente son las vacunas.
Las dos vacunas contra el COVID-19 disponibles en Estados Unidos, la elaborada por Pfizer Inc y BioNTech y por Moderna TX Inc., requieren dosis doble para ser efectivas.
Las vacunas ayudan a proteger nuestra vida, la vida de nuestra familia, amigos y comunidad.
Ninguna de las vacunas contienen el virus vivo que causa COVID-19, por lo cual quien recibe la vacuna no puede enfermarse por haberla recibido.
La vacuna COVID-19 es la forma más segura de ayudar a generar protección a nivel individual, comunitario y mundial.
Vacunarse protege a la persona, a quienes le rodean, particularmente a quienes tienen mayor riesgo de contraer enfermedades graves por COVID-19, incluyendo a padres y abuelos, así como personas con condiciones médicas, incluyendo diabetes, enfermedades cardiacas, cáncer, obesidad, etc.
Según los primeros datos de los ensayos clínicos, los expertos creen que al recibir una vacuna se puede ayudar a evitar que se enferme gravemente, incluso si contrae COVID-19, es decir que reduce notablemente los síntomas y estragos de la enfermedad.
La inmunidad colectiva significa que suficientes personas en una comunidad están protegidas de contraer una enfermedad porque ya han tenido la enfermedad o han sido vacunadas. La inmunidad colectiva dificulta que la enfermedad se transmita de persona a persona e incluso protege a quienes no pueden ser vacunados, como los recién nacidos.
Infectarse con el COVID-19 puede ofrecer cierta protección natural, conocida como inmunidad natural y la evidencia actual, sugiere que la reinfección con el virus es poco común en los noventa días posteriores a la infección inicial.
La protección que una persona obtiene al tener una infección, llamada “inmunidad natural”, varía según la enfermedad y varía de persona a persona. Debido a que este virus es nuevo, no se sabe con certeza cuánto tiempo dura la inmunidad natural y el riesgo de enfermedad grave y muerte por COVID-19, supera los beneficios de la inmunidad natural.
La vacuna es por ahora la única protección disponible, que crea una respuesta de anticuerpos del sistema inmunológico, sin tener que experimentar la enfermedad. Las vacunas trabajan con el sistema inmunológico, para que esté listo para combatir el virus si la persona llega a estar expuesta.
La vacuna COVID-19 es un arma importante para ayudar a detener la pandemia y reducirla hasta el punto en que sea posible retornar a la normalidad, por ello, si desea retornar a la normalidad, el primer paso que debe dar es vacunarse.
Use mascarilla y cubra su nariz y boca, manténgase a seis pies de distancia de los demás, evite multitudes y concentraciones, evite espacios mal ventilados, lávese las manos con frecuencia, hágase la prueba y vacúnese lo antes posible.
Es asunto de vida o muerte y la decisión en favor de la vida es muy sencilla, depende solo de un pinchazo.



























