
FUENCIS RAUSELL
FOTOS: FELIPE TRUEBA
El expresidente de la Asamblea General de Naciones Unidas desgrana los problemas de la grave crisis económica y los principales conflictos políticos que sacuden al mundo.
Este político y economista suizo finalizó su mandato el 12 de septiembre para dar el relevo al embajador de Catar, Nasir Abdulaziz Al Naser, quien preside desde el 13 de septiembre el 66 período de sesiones de este órgano multilateral.
En una entrevista, Deiss enfatiza que Naciones Unidas debe ser capaz de encontrar una solución al conflicto Árabe-israelí. “Por la credibilidad de Naciones Unidas, pero también por el interés del conjunto de la comunidad internacional, después de 65 años tenemos que demostrar que somos capaces de llegar a una solución".
Deiss recuerda que el Plan de la ONU para la Partición de Palestina, de 1947, "habla claramente de dos Estados independientes y del estatus especial de Jerusalén".
Pero "de las dos parte hubo dificultades para llegar a soluciones definitivas, que hacen que estemos en esta situación", señala.
“NO HAY OTRO CAMINO”
Sobre la aspiración de Palestina, Deiss insiste en diferenciar entre ser reconocido como Estado por otros países, en un plano bilateral, y convertirse en miembro pleno de Naciones Unidas, a nivel multilateral.
"Y para ello debe haber una recomendación del Consejo de Seguridad, y luego la Asamblea General toma una decisión final", apunta.
Pero en el Consejo, máximo órgano de decisión de la ONU, Palestina debe recibir el apoyo de nueve de sus quince miembros, entre ellos los cinco permanentes con derecho a veto, incluido Estados Unidos, que ya ha adelantado que se opondrá a su reconocimiento en Naciones Unidas.
"No hay otro camino. No hay ninguna forma de esquivar al Consejo de Seguridad", advierte Deiss.
Sobre la intervención en Libia, Deiss defiende la legalidad de las acciones de la OTAN, amparadas en la resolución de la ONU que en marzo autorizó a los Estados miembros y a organizaciones regionales a tomar "todas las medidas necesarias" para "proteger a los civiles".
En el caso de Libia, "el Consejo de Seguridad no ha decidido enviar tropas de Naciones Unidas, pero da la posibilidad a los Estados miembros de tomar acciones". "Por tanto, (la intervención) no es ilegal", asegura Deiss.
La resolución de la ONU permitió el inicio de los ataques aéreos dirigidos por la OTAN contra las arremetidas de las fuerzas de Muamar el Gadafi.
Cinco meses después, a mediados de agosto, los rebeldes lograron dominar la capital libia y, con ello, casi la totalidad del país.
En cambio, Naciones Unidas sí mantiene, desde el año 2004, un contingente de cascos azules en Costa de Marfil para facilitar el proceso de paz tras la guerra civil que en 2002 dividió al país entre el norte controlado por los rebeldes y el sur controlado por el Gobierno.
SUDÁN, UNA “HISTORIA DE ÉXITO”
En julio, el Consejo de Seguridad amplió el mandato de la misión por doce meses más, a raíz de la crisis provocada por la negativa del entonces presidente, Laurent Gbagbo, a abandonar el poder tras perder las elecciones de noviembre de 2010 frente a Alassane Ouattara.
Esa crisis llevó a la Asamblea General a tomar, el pasado 23 de diciembre, durante la sexagésima quinta sesión, "una importante decisión sobre cuál era el representante legítimo de Costa de Marfil en Naciones Unidas".
"La decisión de consenso fue que Outtara es el representante legítimo, y no Gbagbo", recalca el diplomático suizo, quien cree que Naciones Unidas ha encontrado en Costa de Marfil "la vía que por el momento está estabilizando el país".
También en África, Deiss considera "una historia de éxito" la reciente independencia de Sudán del Sur, que en julio fue admitido como nuevo miembro de Naciones Unidas.
Mientras los conflictos políticos sacuden África y Oriente Medio, la economía mantiene en vilo a los países europeos, sumidos aún en una crisis que ha vuelto a poner de relieve las crecientes interconexiones en un mundo global.
"El tiempo de las políticas económicas nacionales ha acabado, incluso para aquellos que piensan que tienen una política monetaria aparte", dice Deiss, que fue presidente de la Confederación Helvética durante el año 2004.
El pasado 6 de septiembre, ese país de Europa central fijó un tope de cambio mínimo frente al euro de 1,20 para frenar el fortalecimiento de la divisa suiza frente a la moneda única europea y el dólar.
UN MAYOR CONTROL DE LOS MERCADOS
El Banco Nacional Suizo (BNS) tomó esta medida, sin precedentes desde finales de la década de 1970, para debilitar el franco suizo, que en el último año se ha convertido en valor refugio frente a la debilidad del euro y el dólar, y amenaza la estabilidad de la economía nacional.
Sobre la crisis de la deuda, Deiss opina que "no es posible que todos los Estados estín gastando por encima de sus límites", y sobre la desregulación económica, apuesta por un mayor control de los mercados.
"Primero, aún creo que el mercado es el más eficiente coordinador, y segundo, el mercado no significa un lugar donde no hay reglas, sino un lugar con reglas precisas que tienen que ser observadas por todos los participantes con el fin de evitar excesos", señala Deiss.
La crisis económica internacional es sólo una de las dimensiones que han puesto en jaque el papel de Naciones Unidas en la gobernanza global.
"Cada vez más asuntos están adquiriendo un carácter global y exigen acciones comunes por parte de todos los Estados miembros", apunta Deiss, que admite que Naciones Unidas ha sido criticada por ser lenta y poco eficiente en dar respuesta a esos desafíos.
"Eso condujo a la aparición de un conjunto de cuerpos informales, como el G-7, el G-8 o el G-20, y al riesgo de que Naciones Unidas, y la Asamblea General en particular, sean marginadas" en ese proceso de toma de decisiones, alerta.
Para Deiss, la dificultad más importante a la que se enfrenta Naciones Unidas es conjugar el respeto a la soberanía de sus miembros con el logro de metas en asuntos globales como la paz y la seguridad.
Pero ahora, en un organismo construido sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, las economías emergentes llaman a la puerta y piden tener más voz en esas negociaciones.
"Creo que hay dos dimensiones en el surgimiento de estas importantes economías", explica Deiss, que pone como ejemplo el caso de los BRIC, acrónimo que hace referencia a Brasil, Rusia, India y China.
"Ellos tienen que lograr más poder, más acceso a las tomas de decisión, pero al mismo tiempo ese poder creciente significa que ellos tienen también que asumir una creciente responsabilidad", concluye.



























