
Tal parece que en estos momentos la buena suerte no está acompañando a Isabel Pantoja, si se toman en cuenta las más recientes noticias difundidas en España en torno a la condena de dos años de prisión que afronta la cantante por lavado de dinero.
En junio pasado el Tribunal Supremo español declaró la culpabilidad de la Pantoja, que a más de cárcel conlleva una multa de 1.14 millones de euros, dentro del marco de un juicio en que también fue condenado su ex pareja y ex alcalde de Marbella, Julián Muñoz, quien ya comenzó a cumplir su condena.
En el documento emitido por la Fiscalía Anticorrupción española se argumentó que la artista “introdujo en el mercado el dinero que Muñoz había obtenido ilócitamente” y que “aprovechó su relación sentimental favoreciendo con la intimidad que aquella proporcionaba, la ocultación y opacidad de sus actos.” Además, la acusaron de “falta de cooperación” durante el proceso judicial.”
Aún más, el ministerio público señaló que la Pantoja “puso al servicio de Julián Muñoz las sociedades de su propiedad a través de las cuales canalizaba su actitud profesional acentuando, de este modo, la confusión y ocultación de las operaciones.”
Trascendió también que el pasado 23 de octubre la cantante, que hace poco cumplió 58 años, había solicitado que se suspendiera su entrada a prisión, a la vez afirmando que ya había entregado a las autoridades pertinentes una considerable parte de la multa que le fue impuesta.
De acuerdo con las vigentes disposiciones legales, la Pantoja tiene una última opción que podría favorecer su caso, evitando la cárcel, siendo ésta interponer un recurso de súplica o clemencia ante la Fiscalía Anticorrupción, pero en opinión de algunos observadores no se vislumbra un cambio que favorezca a la cantante, que saltó a la fama con su distintivo estilo andaluz al cantar.
Nacida en Sevilla, de ascendencia gitana romaní, su padre y abuelo fueron cantantes, y su muy celebrado matrimonio con el torero Francisco Rivera Pérez, conocido profesionalmente como “Paquirrí,” tuvo un trágico final en 1984 cuando éste pereció por una cornada del toro Avispado, en Córdoba.
De esa unión nació su hijo llamado Kiko Rivera, quien siguió los pasos de su padre adoptando el sobrenombre de “Paquirrín.”


























