
La economía cayó en 9.5% en el segundo semestre de este año, 32.9% es la aceleración de la caída si se toma anualmente. Pero cuando la economía cae, ¿cae para todos por igual?
Hoy estamos emulando las cifras de la Gran Depresión, el fantasma de las colas para obtener un pedazo de pan nos asedia, 1 millón 430 mil llenaron solicitudes de desempleo la semana pasada, 830.000 llenaron una solicitud de ayuda al desempleo en tiempos de pandemia, esa ayuda que termina mañana y de la cual aún discuten los honorables sobre su monto y sobre si prolongarla o no.
Al parecer, según algunos, favorece la pereza, y la pereza es pecado y se debe combatir el pecado, no importa el número de víctimas que caigan en esa limpieza.
En la historia de la humanidad se ha limpiado para mantener la pureza racial, para preservar el orden natural de las cosas, para mantener la separación de la sociedad en capas.
Se han realizado persecuciones para mantener la pureza ideológica, se han creado campos de concentración para reeducar, para corregir supuestas desviaciones de la regla, de la moral imperante.
Se ha apaleado a quien protesta, el derecho a la palabra y a protestar es privilegio de algunos, no de los revoltosos.
En la historia de la humanidad millones han muerto en un lento genocidio, los pobres, los disidentes, los enfermos, los de color, los condenados de la tierra, ayer, hoy.
Ayer los dueños de cuatro de las compañías más poderosas del mundo, Amazon, Apple, Facebook y Google respondían frente al congreso, se defendían frente a congresistas que les enrostraban que en sus prácticas monopólicas hundían a la competencia apenas empezaban, que hundían pequeñas compañías, sueños de otros que, como ellos en sus comienzos, querían cambiar el mundo.
4 compañías con el poder de formar opinión, de censurar a unos. “¡Oh no, jamás!”, se justificaban unos y otros. 4 compañías pueden decidir qué te gusta y qué no, decidir el orden, nuevamente el orden, el orden en que la propaganda de sus productos aparecerá frente a tus ojos, cuatro compañías que crecieron durante la pandemia, que aumentaron vertiginosamente sus ganancias y poder, durante la pandemia, eliminaron la competencia durante el tiempo de la pandemia, subieron el precio de los pañales, durante el tiempo de la pandemia.
Poder absoluto ni siquiera soñado por los absolutistas, pero me hicieron sentir poderoso, me hicieron sentir que tenía en mis manos parte del poder, que era libre, libre de tener cuantos likes o deditos para arriba quisiera.
Nuestro objetivo es el bienestar de la gente, responder a sus deseos, darle acceso al mercado, repetían 4 presidentes de las compañías más poderosas del mundo.
En un departamento abarrotado, en algún barrio de Nueva York, una madre hacía durar los pañales empapados a costa del llanto de un bebé.
En las calles, en las fiestas, en las escuelas, el virus continuaba su camino, imparable, incontrolable, no era el fin de la primera ola, no era el comienzo de la segunda, era la estupidez de nuestros gobernantes que le ofrecían en un lento genocidio su alimento cotidiano: los pobres, los disidentes, los enfermos, los de color, los condenados de la tierra, condenados ayer, condenados hoy.
El presidente del país más poderoso del mundo continuaba su campaña a la reelección, para ello necesitaba adentrarse más en la locura, se sumergió en remedios de brujería para parar la pandemia, su último recurso, trato a los muertos como desechos sin valor, ocultó los nuevos casos, millones desaparecieron llevados por la palabra delirante.
Un nuevo genocidio recorre América, y no es por culpa de los tiempos de la pandemia, son tiempos de locura y la locura del gobernante se viste de violencia, de odio, de mentira, de manipulación, si hasta llega, al igual que cualquier dictador, a, debido a los tiempos que corren, pensar en atrasar las elecciones.
Piensa quizás en su delirio que los muertos se olvidarán, que el hambre será costumbre, que aplastará las protestas, que manipulará la opinión pública. Piensa quizás, al igual que todo autócrata, que la voz del pueblo no cuenta y que el voto no es sino una ilusión.


























