
Roberto Manríque (der) y Gabriel Porras (izq) en Mitad y Mitad.
Una noche de excelencia fue la presentación de la obra de Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez “Mitad y Mitad” por el grupo visitante El Idearium, Enretenimiento en movimiento, brindada el pasado viernes, 18 de abril, 2014 en el Teatro SEA (www.TEATROSEA.org )de Nueva York. Anunciada como una comedia de muerte, fue escenificada por los conocidos actores de TV, Roberto Manríque y Gabriel Porras, bajo la cuidada dirección de Manuel Mendoza. Y puedo atestiguar… era una comedia de muerte…
El tema tocado por esta obra es la avaricia que carcome en este caso uno de los sentimientos humanos más nobles e indiscutibles: el amor a la madre, aparejado por el quasi deber humano del amor filial. El autor argentino José Hernández en su genial “Martin Fierro” decía…”los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera… pues si entre ellos pelean…los devoran los de afuera…” “Mitad y Mitad” describe el deseo de una madre que –después de muerta-- quiere que sus dos hijos hereden mitad y mitad sus bienes materiales. Pero está el hijo que dedicó su vida a cuidarla, sacrificando su propio destino y además trabajando y manteniendo el hogar materno cuando la madre se postró y ya no tenía voluntad para afrontar ningún problema pecuniario. Y su contraparte, el hijo mayor de un primer matrimonio de la moribunda, casado hace varios años con mujer e hijos y muy apartado de su maternal familia, no sólo viene a reclamar su parte antes de que la matrona en consecuencia tuviese tiempo de expirar…sino que acude a todo tipo de artimañas para sacarle al hermano soltero toda la parte correspondiente a él, pero pidiéndosela de antemano para que su hermano responda con su mitad… El artimañoso de Carlos, el hijo mayor que luce una mirada inquisitiva y potente en la mitad del afiche publicitario, trae argumentos financieros descabellados y confusos destinados a envolver y vencer al hermano tímido y sumiso que la madre modeló a su antojo para que le sirviera de sostén en su vejez. La otra mitad de la dupla en el afiche, el hijo menor Juan, luce el contraste de una mirada diáfana, con un mohín en su gesto que indica asombro e incertidumbre frente a tanto abuso de su hermano. Con un diálogo marcado por una ironía siniestra los autores esgrimen un humor negro nefasto y sorpresivo que alimenta el vigor teatral en forma constante, haciendo de esta obra una verdadera bolsa de sorpresas, desde el comienzo al fin.
El conocido actor Gabriel Porras muestra su gran dominio de las tablas y establece un ritmo marcial para la comedia que no abandona nunca. Es certero en el debate, convincente en el argumento lleno de confusas divergencias que el maneja con gestos y tonos de voz dignos de encomio. Con una actuación enérgica y sin restarle vigor ni en el movimiento ni en su calidad interpretativa, Porras maneja su personaje convencido de que su estilo atrapa y convence. Al no menos famoso Roberto Manrique le toca la parte más difícil…debe mostrar sus debilidades sin el menor descuido, ya que su personaje es el que corre peligro de caer en la parodia. Y lo pelea… Sus tonos de voz cambian de colores tan rápido como se lo exige el momento… sus movimientos son cuidados y nunca dejan de preocuparle… Su Juan corre constantes riesgos, especialmente cuando el Carlos de Porras le exige un ritmo enérgico y constante… pero Manrique lo sabe y no deja de aprovechar cada momento para sacarle el jugo y lucirse en su labor actoral. No deja nunca de impresionarnos cómo recurre al esfuerzo orgánico para mantenerse creíble, un verdadero logro que apreciamos no fue nada fácil. Es el personaje más exigido, no cabe duda…
La escenografía fue estática, utilitaria, lineal, poco creativa, nada que concordara con la calidad artística que se estaba ofreciendo.
Destacamos la labor cuidadosa de un director que supo cuidar todos los ángulos de la escena… Como público, me sentí feliz de ver momentos tan bien logrados en esta comedia negra de tantos vericuetos. Me molestó un poco ver tanto mueble enorme en escena… Pero por otro lado, me divertí a pesar de haber sufrido la transgresión de dos hijos que lo único que les interesa es el dinero… Y el final no puede ser más sorpresivo… terminan los dos, ya sin titubeos ni arrepentimientos, haciendo lo que no se animaron durante toda la obra… Es un final tan sabroso como el de un cuento de Jorge Luis Borges…


























