Espionaje, Lógica de la sospecha: legitimación del aparato político norteamericano

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Lógica de la sospecha: legitimación del aparato político norteamericano

 

 

Por Karina Borodnikoff
Impacto Latin News

 

Espionaje. Lógica de la sospecha: legitimación del aparato político norteamericano.

Los límites entre lo público y lo privado son cada vez más complejos de trazar. Estos problemas suelen plantearse desde una perspectiva que centra la mirada en los avances científicos y en la determinación de cuan perjudicial puede ser el desarrollo de determinadas tecnologías. Sin  embargo, cabe preguntarse cuál es el “estado cultural” del mundo que acompaña estos cambios. Cuál ha sido la construcción social de la realidad, por parte de qué actores, que participan de qué manera en nuestra vida cotidiana.

El mundo viene sufriendo enormes transformaciones en todos los ámbitos. La determinación definitiva de un nuevo estado de cosas fue disparada por los atentados a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. Aquí se produce el quiebre definitivo que va a llevar a la primera potencia mundial, la que marca el pulso del planeta, a generar el terreno para la construcción de nuevas formas de ejercicio de poder. Lo mismo, pero más y distinto, con herramientas complejizadas. Controlar todo lo que se pueda, observar, espiar, a la mayor cantidad de personas, hacia adentro y más allá de las fronteras. El primer desafío que debe enfrentarse tiene que ver con el reconocimiento del nuevo espacio a conquistar, un nuevo territorio: el campo virtual.

Históricamente, el poder económico y el poder político han sido socios en el amor y en espanto, pero siempre con objetivos bien claros: mantener el status quo, maximizar las ganancias y el control social. El nuevo paradigma en el que entramos a partir de la denominada era de la información pone a estas dos esferas centrales de la sociedad a trabajar en la relegitimación de sus funciones. Sobre todo, la esfera política que se enfrenta a actores sociales menos ingenuos y menos temerosos a la hora de exigir derech0s y de hacer cumplir con las obligaciones.

La dominación sobre estos “nuevos cuerpos”, sobre estos neo-sujetos híper-informados, frente a los cuales ya no resulta tan sencillo imponer un ojo vigilante (aunque nunca fue tan fácil desde las posibilidades técnicas), resulta complejo y exige nuevos discursos legitimadores que den a los gobiernos una renovada “licencia social” para operar, para vigilar.

El derech0 a espiar, es la gran aventura a resignificar. Y ésta ya no es posible en la sociedad disciplinaria, la sociedad de Foucault, en donde vigilar y castigar lograron convertirse en acciones internalizadas y naturalizadas. Ahora, entra en juego lo que en el campo de la sociología puede denominarse la “sociedad de seguridad”, con nuevas reglas y condiciones, a partir de discursos que instalen la necesidad de resolución de los nuevos problemas.

Se requiere el desarrollo de un enorme aparato legitimador para llevar adelante el dominio de este nuevo mundo. Un despliegue discursivo, táctico y estratégico, al servicio de las estructuras virtuales. La llamada –e instalada hasta la médula- guerra contra el terror pasó a ser la prioridad número uno del gobierno norteamericano sobre la cual se construyó gran parte de la justificación de las nuevas necesidades políticas de ejercicio de poder, control y dominación.

Los gobiernos, los ejércitos, los servicios de inteligencia, la diplomacia y todo el aparato de espionaje se reciclan en pos del nuevo paradigma. Escenario en donde las empresas y las tecnologías de la comunicación y de la información juegan un rol fundamental. Son las grandes aliadas que posibilitan esta nueva construcción de poder, legitimada a través de “la lógica de la sospecha” y un frágil equilibrio entre vigilancia y seguridad, vigilancia y libertad, binomios clave de la estrategia de esta nueva era política.

 

 

 

 

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