El "Maracanazo", la obsesión uruguaya
Por Álvaro Mellizo

Uruguay es el país más pequeño que ha logrado ganar una Copa del Mundo de fútbol, hazaña que logró dos veces, la última de ellas en 1950 en un evento que pasó a la historia como el "Maracanazo". Ese triunfo forma parte, desde entonces, del ideario colectivo de una nación apasionada por el fútbol que convirtió esa victoria en un mito y una verdadera obsesión nacional.
En Uruguay, el recuerdo del "Maracanazo" es al mismo tiempo fuente de orgullo y coraje, y es sinónimo de gloria deportiva y social, pero críticos recientes también culpan a esa gesta de ser responsable de un anclaje cultural en el pasado y de fomentar una decadencia que solo ahora, 64 años después, comienza a desaparecer.
Todo comenzó la tarde del 16 de julio de 1950 en Río de Janeiro. Contra viento y marea, y rompiendo todos los pronósticos, un puñado de jugadores de la selección vestida de celeste, apenas los únicos uruguayos entre los más de 170.000 espectadores que abarrotaron el estadio de Maracaná sin otro objetivo más que ver a Brasil campeón, se impusieron 1-2 a los locales arrebatándoles un triunfo que todo el mundo daba por hecho.

Esa sorprendente victoria entró enseguida en la leyenda junto a sus protagonistas, en un relato trufado de anécdotas gloriosas sobre la actitud y la garra de los indómitos jugadores charrúas, como el capitán uruguayo, Obdulio Varela, el "Negro jefe", y sus arengas para levantar el ánimo a sus compañeros. Frases como "los de afuera son de palo y en el campo seremos once para once" o "el partido se gana con los huevos en los botines" atribuidas al capitán entraron a formar parte del acervo cultural uruguayo, así como sus estrategias para desconcentrar a los brasileños durante la final o para enfriar el ánimo de los espectadores reclamando faltas inexistentes.
El mensaje que se transmitió después del triunfo para los uruguayos fue que con simple coraje y actitud se podía sobreponer cualquier adversidad y que a los uruguayos eso les bastaba. El "Maracanazo" se convirtió en referencia, y se elevó como una circunstancia insuperable y como la mejor hora jamás vivida por el país. Y muy a su pesar, ya que desde entonces y por largas décadas, Uruguay entró en una profunda crisis económica, social y deportiva, en donde nada volvió a ser como era.

EL FANTASMA DEL MARACANAZO.
"Maracaná ha sido muchas cosas en Uruguay, pero de poca utilidad para pensar en el progreso. Es lo que tienen las victorias, uno aprende menos de las victorias que de las derrotas. Brasil hizo lo contrario, y tras Maracaná ganó 5 copas del mundo", razonó en declaraciones Andrés Varela, director de "Maracaná, la película", un documental recientemente estrenado que narra las vicisitudes de aquel triunfo.
Varela apuntó que esas "leyendas" no han sido "positivas para la identidad uruguaya", pues supusieron "un anclaje a valores que no han sido buenos para desarrollarse, como que todo se puede ganar a corajes". "Como en todo en la vida, cuando ganas aprendes poco. Uruguay se estacionó en la victoria y se identificó en ella frente al mundo. Fue un hecho increíble, pero se quiso transmitir el valor de que a garra se puede ganar un Mundial y no que un grupo dispuesto de hombres con definición y convicciones pueden lograr un objetivo difícil", dijo Varela.
Felipe Arocena, profesor de sociología de la cultura en la Universidad de la República coincidió con esa lectura, que atribuyó en una conversación a que lo ocurrido tuvo "un peso demasiado grande para que el futuro lo pudiera aguantar", tanto en términos futbolísticos como sociales.

UN GRUPO EXCLUSIVO.
Para estos estudiosos del fenómeno del Maracanazo, es importante recordar el contexto en el que se produjo ese triunfo y la situación posterior para entender porqué Uruguay sigue teniendo esa gesta como su mayor referente. "Está claro que el año 1950 marca una situación en la que Europa estaba destruida, y Uruguay exportaba mucho a mercados amplios, sus números macroeconómicos eran muy buenos, y encima era pionero en cuestiones sociales, por encima de los países centrales. Luego, rápidamente, todo fue a peor. No es extraño que sea un hito", apuntó Varela.
Arocena, reconoció el orgullo legítimo que para Uruguay supone entrar en el "grupo exclusivo" de solo ocho países que ganaron una Copa del Mundo, ante países que tienen hasta 70 veces más población como Brasil.
"El único que desentona fuerte entre los campeones del mundo es Uruguay. Sería interesante preguntarse qué necesita un país para ser campeón, y cómo este país logro serlo", añadió.
El sociólogo recordó que Uruguay fue una potencia mundial del balompié en toda la primera mitad del siglo XX, con triunfos en dos Juegos Olímpicos (1924 y 1928) y en la primera Copa del Mundo (1930), que se jugó en Montevideo.
Arocena vinculó ese momento histórico "luminoso" del país con sus triunfos deportivos, que desaparecieron en cuanto la crisis se hizo endémica en el país en las décadas siguientes. "Maracaná fue el último gran logro del país antes de su declive. Ese descalabro solo comenzó a revertir a partir de la crisis del 2002. Ahora llevamos diez años de crecimiento muy buenos, y es llamativo que una vez más, Uruguay vuelva a estar entre los mejores del mundo. No es casualidad", analizó.

UN ÉXITO IRREPETIBLE.
No es de extrañar entonces, dada esta obsesión, que nada más lograr su clasificación al Mundial de Brasil 2014, en Uruguay se evocara de inmediato el Maracanazo en publicidad de televisión, debates radiofónicos y artículos de prensa, como si su recuerdo sirviera ya para meterle miedo a cualquiera de sus rivales. De hecho, tal fue el uso que se hizo del Maracanazo que en Brasil varios medios cargaron contra el tema del supuesto "fantasma de 1950" que aún los aterraba.
"Si, no hay que olvidar que con el Maracanazo hay también intereses comerciales por todos lados. Se usa para generar más publicidad, como algo patriotero y nacionalista para vender zapatillas", apuntó Varela. Y todo eso pese a las palabras del técnico uruguayo Óscar Washington Tabárez, que fiel a su estilo recordó que el pasado no sirve de nada en una competencia y que los tiempos han cambiado mucho como para que algo igual pueda repetirse.
"Ese fue un contexto muy particular, Brasil estaba convencido de que iba a ganar en su casa, Uruguay estaba desahuciado para los entendidos, etcétera, etcétera. Podrán suceder otras cosas, distintas, emotivas o positivas. Para Uruguay, el Maracanazo fue como el primer amor, nunca se repite", señaló Arocena.
Hablando hoy en día en términos futbolísticos, nadie en Uruguay duda de sus opciones reales de ganar la Copa del Mundo en Brasil el próximo mes de julio, un logro que se alcanzaría en esta ocasión apelando más al trabajo en equipo a largo plazo que a la gesta heroica. Y pese a las malas consecuencias ideológicas que el triunfo en Brasil en 1950 tuvo para Uruguay, ningún uruguayo piensa que lo conveniente sería no ganar. "Bueno, puede que el 'Maracanazo' estancara al país, pero si en esta ocasión Uruguay llega a la final en Río de Janeiro, no me cabe la menor duda, prefiero ganarla", culminó el sociólogo.



























