Por Karina Borodnikoff IMPACTO LATIN NEWS

Pasadas cuarenta y ocho horas de la desaparición del Boeing 777-200, el jefe de Autoridad de Aviación Civil de Malasia, Azharuddin Abdul Rahman, ya definía este hecho como un "misterio de la aviación sin precedentes". Los días siguieron corriendo sin que se pueda tener un dato certero respecto a la suerte de este avión que transportaba 239 pasajeros del vuelo Kuala Lumpur – Pekín.
“Sigue el misterio por el avión desaparecido”, “Un iraní compró los pasajes de los dos viajeros con pasaportes robados del avión de Malaysia Airlines”, “Ahora los teléfonos celulares tienen señal”, “Aseguran que el vuelo de Malaysia Airlines cambió su ruta”, son algunos de los titulares que dieron cuenta de esta ¿tragedia? ¿atentado? ¿qué?
El ejército de Malasia asegura que el Boeing cambió de rumbo luego de realizar el último contacto con el control del tráfico aéreo y voló cientos de kilómetros hacia el oeste. De ser así, se descarta el fallo mecánico súbito, en su giro inesperado hacia el Estrecho de Malaca, luego de pasar por Kota Bahru. Bajó su altitud, lo asegura la tecnología, unos mil metros por debajo de lo previsto, durante por lo menos 500 kilómetros.
Fue detectado, por última vez, a las 03.40 am desde un radar militar en la isla de Pulau Perak, al norte del Estrecho.
Parece ser esta la única pista concreta de un misterio que mantiene al mundo en vilo pero, sobre todo, a quienes aman a las personas que se subieron a este avión. Para ellos no es solo un misterio. A muchos de ellos se les va la vida en este viaje. Hijos, hermanos, padres, amigos que no aparecen.
Dicen los expertos que un avión no puede desaparecer, simplemente, y que, si bien es una situación muy poco frecuente, existen antecedentes de aeronaves que han tenido situaciones de difícil localización pero, siempre aparecen.
Uno de los antecedentes más inmediatos es el caso del Airbus de Air France que, en junio de 2009, dejó de ser visible para las pantallas de los radares. Lamentablemente, los restos del avión aparecieron dispersos en el Océano Atlántico. Las cajas negras pudieron ser localizadas dos años más tardes. Este accidente, atribuido a fallas humanas, principalmente, se llevó la vida de 228 personas.
El experto de Flightglobal, una organización especializada en análisis de información y datos vinculados a la industria aeronáutica, David Learmount, asegura que "Hoy los aviones son increíblemente confiables. No ocurren fallas estructurales repentinas. Eso simplemente no pasa".
Además, explica que el Boeing 777-200 es un avión muy fuerte. Desde 1995, año en que voló por primera vez, se despacharon más de 1000 unidades de su línea de producción y, con más de 5 millones de vuelos, sólo se ha registrado un incidente fatal. En esta oportunidad, fallecieron tres personas, luego que el aparto golpeara una pared marina, provocando el siniestro.
Las historias de aeronaves con tramas terroristas, desperfectos técnicos y fallas humanas siempre han captado la atención de la gente, del periodismo y hasta de los productores cinematográficos. Sin embargo, aquí, aún no se ha podido establecer a cuál de estas tragedias se corresponde y, mucho menos, se puede digerir la imposibilidad de localización de cualquier cosa que habite y transite por un planeta híper-tecnologizado.
Fue una implosión, fue una explosión, fueron terroristas iraníes, dijeron en distintos órdenes y estadios de la búsqueda. No fueron ninguna de estas tres causas, fueron asegurando a destiempo, más tarde. Sí. No. Aún no sabemos.
Por ahora, lo concreto son las imágenes de familiares con rostros desencajados, impactados, marcando sin cesar los números de teléfonos celulares de sus seres queridos, tan accesibles hace apenas pocas horas. Ahora con paradero desconocido. Suspendidos en el tiempo. Inaccesibles.



























