EDITORIAL
Muchas veces el termino hispano sirve para realizar generalizaciones de un grupo gigantesco y heterogéneo que se caracteriza por su diversidad.
Sin embargo la diversidad y la unificación no son conceptos contrapuestos ni excluyentes. La gran comunidad hispanoamericana que desde el quince de septiembre celebra su unidad, dada por diferentes elementos, fundamentalmente por el idioma, debe comprender y asimilar que una de sus mayores fortalezas es su diversidad. Aquí no existe mejor simbolismo que el utilizado por las tribus nativas del continente hace miles de años, el arcoiris, que es uno solo a pesar de que está integrado por diferentes colores.
La hispanidad unifica, pero esa unificación no desaparece las variantes y particularidades de cada grupo, que en lugar de alejarlo de los otros, le da una personalidad propia, sin quitarle la base que la integra al todo.
La diversidad es fundamental en términos de funcionamiento, de variedad de destrezas, de talentos, de historias, de gustos, de manifestaciones culturales. La diversidad imprime color, sabor, variedad. En ese sentido el concepto, por bien de la comunidad hispana, debe extenderse a todas las áreas, incluyendo desde la comunitaria hasta los estamentos gubernamentales en los diferentes niveles. Hace falta un cambio, los hispanos ya están cansados del protagonismo de los mismos, de la manipulación de los mismos, de la figuración de los mismos, que se mantienen no para promover un desarrollo, un progreso conjunto, si no beneficios particulares.
Hace falta una diversidad en términos de democratización de las agrupaciones comunitarias, cambios y renovación de directivas que se han estancado con los mismos de siempre y que mantienen a la comunidad hispana dentro de los mismos esquemas de hace medio siglo. Con los mismos directivos de los desfiles, con los mismos esquemas de funcionamiento que ya no responden a una realidad global, que exige nuevas destrezas, nuevos enfoques para enfrentar nuevos retos.
La celebración de la diversidad, bajo una unidad idiomática es positiva, es enriquecedora, sin embargo muchos de los grupos de latinos a nivel de política, de entidades culturales, de directivas, etc. se mantienen como bloques impenetrables e inamovibles, lo cual no permite que los hispanos como comunidad puedan avanzar cualitativamente. El tema de la cantidad de hispanos en Estados Unidos no es suficiente, hace falta promover la calidad de esa gran cantidad para que realmente pueda marcar una diferencia.
Los hispanoamericanos en Estados Unidos tienen un doble reto, promover su progreso a nivel individual y colectivo, además de promover el progreso de sus países de origen. Lamentablemente una mayoría abrumadora se ha esforzado por su propio y egoísta beneficio, usando en muchas ocasiones las banderas de sus países de origen, pero con una perspectiva muy limitada, muy egoísta y miope.
La democratización de la comunidad hispana en Nueva York significa un crecimiento en términos de talentos, que no se refiere únicamente a permitir que nuevas generaciones se integren. Precisamente uno de los grandes problemas en la mayoría de países hispanos, es el mantenimiento de prejuicios y taras cultuales mediante las cuales se ha arraigado la discriminación y la intolerancia, incluyendo el racismo, el segregar a las personas, discriminarlas y acosarlas por su genero, por su tendencia sexual, por su ideología, también por su edad, por su situación económica o legal.
Los hispanos lamentablemente mantienen y recrean muchos de los prejuicios de los países subdesarrollados y tercermundistas de los cuales provienen. Para luchar contra el racismo, del cual se acusa a los blancos supremacistas liderados por Trump, es primordial y requisito inicial, el luchar contra la intolerancia y el racismo en los países de origen. Cómo se puede exigir respeto cuando al interior de los propios países, en las escuelas y calles de Hispanoamérica existe discriminación?
La riqueza de la Hispanidad es grande, culturalmente es una potencia de incalculable peso, que ha sido acumulada durante miles de años y que es la base de la identidad, una identidad encadenada a los prejuicios, a tratar de disimular o eliminar cualquier vestigio o evidencia de las raíces nativas, cuando son ellas las más puras.
Parte del reto de los hispanos es redescubrir, recuperar y valorar sus raíces nativas, que sonarte de su ser. La riqueza de la cultura hispana descansa en lo básico, en cuanto a una forma de vida más saludable, más respetuosa de la persona y de todo lo que le rodea, de las otras criaturas y de la naturaleza misma.
Que esta nueva celebración de la Herencia Hispana, sea una oportunidad para celebrar la diversidad, respetando lo individual, promoviendo la unidad con ideales y valores comunes, de respeto, tolerancia, inclusión, justicia social, integridad y una férrea lucha contra la corrupción, el racismo, el oportunismo individualista y el mantenimiento del status quo de los mismos de siempre.
¡Viva la diversidad que unifica a los hispanos!


























