
El coronavirus ha llevado a millones de personas a aislarse en sus casas para evitar el contagio, pero muchas mujeres latinas deben salir y arriesgar sus vidas y las de sus familias para cuidar a miles de ancianos que dependen de estos trabajadores para su supervivencia.
El día para Fátima Matos comienza muy temprano. A las 6:40 de la mañana está en el hogar del paciente que cuida desde hace ocho años en Nueva York, desde que llegó de la República Dominicana.
"Es un paciente de Parkinson", de 75 años, que vive solo y depende de dos trabajadoras para su subsistencia, comenta a Efe Fátima, de 61 años.
Esta dominicana se preocupa de él como si fuera un miembro de su familia, como lo hace también Ramona, que cuida de una paciente de 88 años con Alzheimer y demencia senil, o María, a cargo de otro paciente, de 77 años, también con Alzheimer.
Fátima, que trabaja doce horas diarias cuatro días a la semana y se turna con otra cuidadora, hace la compra de los alimentos, cocina, limpia la casa, lava su ropa, le lleva a sus citas médicas, "llamo cuando sus medicinas no llegan a tiempo y velo porque se las tome y coma, porque no tiene mucho apetito".
Antes de terminar su turno de trabajo, a las 6:40 de la tarde, le prepara algo de comer por si siente hambre en la noche.
Un estudio del grupo PHI, que trabaja para mejorar los servicios y apoyos a largo plazo para ancianos y discapacitados en el país, así como mejorar la calidad del trabajo de quienes les cuidan, señala que el salario promedio de un cuidador del hogar durante la última década ha sido de 12 dólares la hora.
Eso significa que el 49 % los cuidadores del hogar -nueve de 10 son mujeres- vive en o cerca del nivel de pobreza, lo cual "es devastador", comentó a Efe Robert Espinoza, vicepresidente de Políticas de esa organización nacional (antes conocida como Paraprofessional Healthcare Institute), con sede en El Bronx.
Algunas trabajadoras ganan ya el mínimo de 15 dólares la hora que se puso en marcha en Nueva York, pero esta ley ha ido por etapas y no entrará totalmente en vigor hasta el 2021.
Nueva York es el hogar de 1.7 millones de personas de 60 años o más, muchos de ellos confinados en su hogar, como los pacientes que cuidan Fátima, Ramona y María.
Como muchos otros que se ven obligados a salir a la calle, a estas inmigrantes les preocupa contagiarse con el virus, pero saben que su paciente necesita de su ayuda.
"Tengo miedo cuando salgo a tomar el transporte porque hay gente que tose, no tienen mascarillas", dice Fátima con preocupación, pese a que ella se protege.
"Tengo guantes, mascarillas y alcohol", agrega la dominicana, que tuvo que proveerse este equipo indispensable para protegerse, al igual que María y Ramona, en vista de que las agencias para las que trabajan no se los proveyeron.
Fátima, casada y con tres hijos de 28, 26 y 24 años, teme contagiarse, y luego a su familia y a su paciente, "que no tiene sus defensas al cien por ciento porque es enfermo, y es una persona mayor y si no vamos, no come" y no puede salir.
"Mi hija mayor me dice que no salga, que me puedo enfermar. Le digo que sé que me estoy exponiendo pero me preocupa que esta persona esta enferma y no tiene a nadie que le resuelva", afirma Fátima.
La situación de Ramona, aunque vive con su paciente cuatro días a la semana, no es diferente a la de Fátima. También hace todo para su paciente. Y aunque se protege cuando sale por suministros, teme al contagio y enfermar a la octogenaria.
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Su paciente vive en un edificio de apartamentos para ancianos donde se han tomado medidas para protegerles como prohibir las visitas y tomar la temperatura a las cuidadoras cada mañana al llegar al lugar, antes de ver a sus pacientes.
"Estos trabajadores enfrentan ciertos problemas. Son la primera fuente de apoyo para personas vulnerables a contraer el coronavirus" y muchos de ellos no tienen familia, comentó Espinoza.
"No pueden decir que van a quedarse en sus casas o mantener el distanciamiento social cuando los cuidan y se están arriesgando. No tienen equipo de protección y sus empleadores no se los proveen, por lo que se pueden contagiar o contagiar al cliente", aseveró.
En el estado de Nueva York, el 31 % por ciento de los cuidadores del hogar son latinas así como el 9 % de los que trabajan en ancianatos. Un total de 69 % de los cuidadores en el estado son inmigrantes, de acuerdo con Espinoza.EFE News


























