MES DE LA HERENCIA PUERTORRIQUEÑA
BORICUAS EL BALUARTE LATINO DE NY

Los puertorriqueños, -que cada noviembre celebran el Mes de la Herencia Puertorriqueña- eran tantos en la ciudad de Nueva York hace más de 70 años, que su población pasaba entonces 61 mil entre hombres, mujeres y niños viviendo en la Gran Manzana.
Hoy, los niños que nacieron aquella época –si han pasado firmes la edad del tiempo- cumplen este 2013 nada menos que 73 años.
Esos boricuas, a quienes con nostalgia desde un restaurant del Este de Harlem le cantó Rafael Hernández en ‘Lamento Borincano’, y perennizó un himno del auto exilio con remembranzas de lo que dejaron, han sido la más firme ‘bisagra’ para el resto de latinos que oleada tras oleada han ido llegando después –mucho después- que ellos:
“Sale loco de contento, con su cargamento para la
ciudad, ¡ay! para la ciudad. Lleva en su
pensamiento todo un mundo lleno de felicidad
¡ay!, de felicidad.
Piensa remediar la situación del hogar que
es toda su ilusión, sí. Y alegre, el
jibarito va pensando así, diciendo
así, cantando así por el camino:
“Si yo vendo la carga, mi Dios querido un
traje a mi viejita voy a comprar”.
Y alegre también su yegua va al presentir
que aquel cantar es todo un himno de
alegría. En esto le sorprende la luz del
día y llegan al mercado de la ciudad.
Pasa la mañana entera sin que nadie quiera
su carga comprar ¡ay! su carga comprar.
Todo, todo está desierto, el pueblo está lleno de
necesidad ¡ay! de necesidad”.
UN DÍA SIN PUERTORRIQUEÑOS
Hace 30 años atrás, un día sin puertorriqueños en Nueva York hubiese paralizado los servicios de edificios, la mano de obra en fábricas y almacenes. Habría cuasi colapsado los servicios de transportes de autobuses públicos y privados, asimismo los servicios administrativos hospitalarios.
Hoy, un día sin puertorriqueños en Nueva York habría afectado las clases escolares y universitarias por falta de docentes y alumnos. Habría serias interrupciones al transporte pesado, la atención médica y servicio técnico especializado en muchos hospitales. No laborarían centenares de policías y personal de Correcciones, tampoco jueces de diferentes instancias hasta la Corte Suprema.
Hoy, igualmente, un día sin puertorriqueños en Nueva York habría detenido la atención de decenas de organismos anti pobreza, ONGs que defienden el avance latino, que demandan igualdad de oportunidades en la atención médica y vivienda, etc., etc.
De acuerdo a la historiadora Ketty Rodríguez Casillas, de la Universidad de Puerto Rico, la gran mayoría de los emigrantes puertorriqueños a Estados Unidos de los años 50 eran trabajadores agrícolas que emigraban para trabajar en la agricultura, o en sectores de la economía de bajos ingresos. “De la data del censo de 1960 se indica que los puertorriqueños de la primera generación (aquellos nacidos en Puerto Rico pero residentes de Estados Unidos) tenían alrededor de tres y medio más años de escolaridad que los que residían en la isla”, sostiene Rodríguez.
Ella refiere que los emigrantes llegaron a Nueva York por contratos de empleo o por sus contactos familiares y de conocidos, “eran considerados ‘colonial people, foreigners and people of color’. El gobierno de Puerto Rico estableció una oficina en Nueva York llamada ‘Migration Division of Puerto Rico and Puerto Ricans in New York City’, que operó bajo ese nombre desde 1948-1968, y con otros nombres hasta el 1988”, refiere la historiadora.
Lo cierto es que esos boricuas con educación o sin ella, se las ingeniaron para salir adelante en una sociedad híper consumista y distinta en sus raíces al Puerto Rico de entonces, cuyos ricos se miraban más en el espejo de España y Europa que el de Norteamérica.
“Se oye este lamento por doquier en mi desdichada
Borinquen, sí Y triste, el jibarito va
pensando así, diciendo
así, llorando así por el camino: "Qué
será de Borinquen mi Dios querido que
será de mis hijos y de mi hogar."
Borinquen, la tierra del Edén, la que al
cantar, el gran Gautier llamó la perla de los
mares. Y ahora que tú te mueres con tus
pesares déjame que te cante yo también”.
Los boricuas fueron una pieza sustancial de las fábricas (‘factorías’ en spanglish) que entonces proliferaban por doquier en Manhattan, Bronx, Brooklyn y Queens. Igual saltando el charco del río Hudson, en Newark, Paterson y casi todo el norte de New Jersey. Mientras, que también poblaron los campos de Vineland en el sur del Estado Jardín, Candem, y Filadelfia.
JIBAROS EN NY
En una rara simbiosis, muchos jíbaros (campesinos) fueron trasplantados del campo boricua a la ciudad de Nueva York, aunque algunos afirman que primero pasaron por San Juan.
El aire transparente y franco, leal y amical de los boricuas jíbaros que vinieron por una vida mejor a Nueva York y los Estados Unidos aún todavía se puede percibir en los barrios puertorriqueños del Este de Harlem, Loisaida, Bushwick, sur de El Bronx, East New York y otros.
El Este de Harlem, también conocido como El Barrio, y el sur de El Bronx, fueron el eje del núcleo principal puertorriqueño. De su seno salieron los líderes históricos Antonia Pantoja, Julia de Burgos, Rafael Hernández.
En 1937, antes que nadie, Oscar García Rivera se convirtió en el primer asambleísta estatal de Nueva York. En 1959, Edwin Torres –hijo de El Barrio y de origen boricua- es el primer asistente del fiscal de New York. Más tarde de allí germinaría el primer congresista puertorriqueño Herman Badillo, los senadores estatales Olga Méndez, Efraín González, entre otros.
También por el poder de sus números poblacionales se crearía la más poderosa organización comunitaria llamada Hunts Point Multi Service, dirigida por Ramón S. Vélez. De esa zona también emergerían los líderes Gerena Valentín, José Rivera, el reverendo Rubén Díaz
Igualmente, de estos barrios de gente sencilla emergería el sonido que trasciende al mundo como “Salsa” con Willie Colon, Héctor Lavoe, Ray Barreto, Eddie Palmieri, Tito Puente. Después Marc Anthony, Jennifer López, La India, entre muchos otros.
AYER Y HOY
El Barrio hoy alberga mayormente antiguas familias puertorriqueñas y relativamente recién llegadas mexicanas. Mientras que el Sur de El Bronx, tiene la misma tendencia aderezada con dominicanos y hondureños.
Al igual que otros barrios de la ciudad de Nueva York, el sur del Bronx no tiene fronteras oficiales y los líderes comunitarios puertorriqueños han rebautizado alguna de ellas. El nombre ‘Sur de El Bronx’ fue utilizado para representar la pobreza en El Bronx, y hoy se recupera a pasos agigantados.
En los 70’s los boricuas, quienes eran los amos y señores de los grandes almacenes y fábricas de la zona, mayormente se quedaron para afrontar la partida de los enormes complejos manufactureros a distintos lugares del mundo. Ellos vivieron directamente las consecuencias críticas que creó este problema social: drogas, prostitución y criminalidad.
En El Bronx, los barrios con gran importante presencia boricua son, entre otros, The Hub (un distrito comercial en la Tercera Avenida y la calle 149 Este), Port Morris, Mott Haven (Sala 1), Melrose (1 Junta y Tablero 3), Morrisania, East Morrisania [también conocido como Crotona Park East] ( Junta 3), Hunts Point, Longwood (Board 2), Highbridge, Concourse (Junta 4), West Farms, Belmont, East Tremont (Junta 6), Tremont, Morris Heights (Board 5), University Heights y Fordham
Otro lugar clave del desarrollo puertorriqueño en la ciudad de Nueva York, es Loisaida. Habitada mayormente por puertorriqueños que llegaron a mediados de los años 40’s del siglo pasado, Loisaida es uno de los vecindarios más típicos caribeños empotrados a pocas cuadras de Wall Street.
Hay quienes creen que el nombre “Loisaida” viene de "Loíza Aldea”, pueblo puertorriqueño en la Isla del Encanto. Aunque otros creen que viene de castellanizar: “Lower East Side”.
BALUARTE HISPANO
Es lo de menos, Loisaida vibra con la cultura puertorriqueña, en un traspaso de posta generacional.
Los puertorriqueños han sido el baluarte latino en la Gran Manzana, prueba de ello es su amplia presencia en East New York, barrio muy temido antiguamente. Pero por cuyo tesón paulatinamente está cambiando.
En el 2010, el Este de Nueva York fue de 51,4% de población negra, 36.7% de latinos (mayormente puertorriqueños), 6,4% asiáticos, 1.9% blancos no hispanos, y 3.6% se describió como otra raza o etnia. Más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y recibe asistencia pública (Asistencia Temporal para Familias Necesitadas).
East New York tiene un gran bolsón de población puertorriqueña y dominicana, compartida con afroamericanos, que vienen evolucionando la cultura de la zona.
En 1952 se inaugura el Commonwealth, en 1958 se crea el Desfile Puertorriqueño de Nueva York. Años después, en 1973 se funda el Centro de Estudios Puertorriqueños del Hunter College. Asimismo surgen el Teatro Rodante Puertorriqueño, el Boricua College, ASPIRA, APRED, Instituto de la Familia Puertorriqueña. También el Frente de la Defensa Legal Puertorriqueña, el Instituto de Política Puertorriqueña (los tres últimos hoy de nombre ‘Latino’), entre muchos otros.
Los puertorriqueños se convierten en el primer grupo latino de Nueva York, y los que llevan la voz cantante en asuntos políticos y administrativos de toda la comunidad hispana de la Gran Manzana.
Los boricuas, dan el ejemplo al resto de comunidades latinoamericanas que empiezan a llegar después de los años 70’s en cuanto al mantenimiento de su cultura y tradiciones. A diferencia de otras comunidades no se autodenominan ‘Americans’, sino simple y llanamente; Puertorriqueños.
Es notable el amor que le profesan los puertorriqueños a su bandera mono estrellada, a su pava y su coquí.
Los puertorriqueños, en donde estén, en posiciones fabriles o ejecutivas, se convierten en la ‘bisagra’ del resto de latinos. Ayudan al entendimiento de la nueva sociedad a los recién llegados, y así perduran como el Baluarte de los Hispanos en Nueva York.


























