Banderas a media asta

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El Alcalde de Nueva York ordenó que las  banderas de la nación, la ciudad, el estado y otras instituciones sean desplegadas a media asta, como muestra de solidaridad por el asesinato del policía Randolph Holder la noche del 20 de octubre.

La muerte de este oficial de 33 años y padre de familia, se suma a la de otros cuatro policías que han sido asesinados en los últimos once meses durante su trabajo en las calles de Nueva York. Randolph Holder fue asesinado en una balacera la noche del martes 20 de octubre con un tiro en la cabeza cuando atendía una llamada por una balacera en East Harlem, según informó el Comisionado de Policía Bill Bratton. La historia siempre se repite, el asesino identificado como Tyrone Howard, afroamericano de 30 años, tenía un largo récord  criminal por asaltos, robos y posesión de narcóticos entre otros, pero se encontraba libre y portando un arma con la que asesinó a un guardián de la seguridad ciudadana.

Howard fue capturado a tres cuadras con un tiro en la pierna que le propinó un agente encubierto que trabajaba con el oficial Holder y el hecho pasará a ser solo un número más de las estadísticas.

A nivel nacional, 100 oficiales han muerto en el cumplimiento del deber en el transcurso del 2015. El oficial Brian Moore, de 25 años, fue asesinado el 9 de mayo, durante un patrullaje. A finales del 2014, el 20 de diciembre, los oficiales Wenjian Liu, de 32 años y Rafael Ramos de 40 fueron emboscados y asesinados por un hombre que dijo que quería matar a algunos policías en Brooklyn. El sospechoso se suicidó en una estación de metro cercana.

Las banderas a media asta están bien, pero no son suficientes. Ante la realidad sangrienta se hacen necesarias medidas de control de armas y una revisión sobre la conveniencia del retorno de prácticas como “stop and frisk", que de una u otra manera frenaban a los delincuentes sobre cargar armas, ante la posibilidad de ser inspeccionados en los sistemas de transporte público.

El trillado y abusado discurso de la discriminación no debe ser pretexto para apoyar el crecimiento de la violencia armada y del crimen en la Ciudad de Nueva York. En varias encuestas a latinos de diferentes sectores, Impacto recibió comentarios que apoyaban estas prácticas como una manera preventiva para evitar crímenes violentos, con expresiones de la gente diciendo: “el que nada debe nada teme” y “no me importa que me revisen, ni siquiera que lo hagan por ser hispano, lo que me importa es desenvolverme en un ambiente seguro, en donde mi vida no corra riesgo”.

El Consejo de la Ciudad y el Alcalde deben comprender que utilizar posturas como la discriminación, para disolver medidas preventivas en pro de la seguridad pública, es una estrategia ineficiente, que se vuelve un bumerán político cuando se trata de evaluar el bienestar de Nueva York. Los criminales también hecha mano al discurso pro defensa de derechos y libertades civiles para tener un ambiente más relajado en donde actuar.

Si a nivel nacional, los grandes poderes que maniobran para evitar un cambio constitucional que logre frenar el crecimiento de la violencia armada, dominan el escenario político, esperamos que a nivel local las autoridades reflexionen sobre el peso de la aprobación de medidas de corte demagógico, que a la larga deterioran y destruyen la seguridad de todos quienes caminan por las calles de la ciudad, propios y extraños, hombres y mujeres, niños y ancianos, cuya protección debería ser su principal prioridad. Es necesario más control y legislación eficiente.

Las badeas a media asta no son suficientes.

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