
Sin duda alguna, los latinoamericanos se caracterizan entre otras cosas por ser apasionados y esa característica de su idiosincrasia se extiende también a los deportes, por lo cual los partidos del Mundial Catar 2022 no son la excepción y en ellos se viven intensas emociones.
Este mundial ha sido excepcional y en Nueva York, la comunidad latinoamericana lo está viviendo intensamente, una muestra de ello fue el partido entre Argentina y México, un encuentro muy esperado por toda la afición mundialista y que en la llamada Capital del Mundo también fue una ocasión para compartir con los amigos y disfrutar como una gran familia.
Numéricamente la comunidad mexicana sobrepasa ampliamente a la comunidad argentina en esta ciudad, sin embargo en la mayoría de restaurantes latinoamericanos, los hinchas de los dos equipos compartieron el partido del sábado 26 de noviembre y para vivir con ellos esta memorable ocasión, nos trasladamos a un conocido restaurante mexicano de Soho, en el cual encontramos a los aficionados disfrutando en un ambiente muy amigable, lleno de camaradería y hermandad.

Siendo el restaurant mexicano, la mayoría de la hinchada apoyaba al equipo que lució en esa contienda la camiseta verde, pero en medio del restaurante, -frente a la pantalla principal-, se instaló la hinchada de Argentina, que valientemente escuchó las bulliciosas e imponentes barras de México hechando porras por su amada selección nacional, de entre la cual el arquero Guillermo Ochoa fue literalmente elevado a los altares, pero que más adelante caería fulminado ante el primer gol del grandioso Leo Messi, que sin duda alguna no iba a dejar de marcar para un mundial del retorno post- covid, el cual muchos vaticinan sería el último en el que participe.

El pequeño grupo de argentinos saltó de sus sillas ante el primer gol, que restauró el orgullo perdido en el primer partido contra Arabia Saudita, en que perdió 2 a 1.
Pero el gol del legendario Messi, fue solo el augurio de un segundo gol, que llegó gracias a Enzo Fernández. Los dos goles llegaron en el segundo tiempo y fueron la garantía para el triunfo de la selección argentina, que recuperó la bien ganada fama como campeón mundial, del deporte más popular entre los latinoamericanos.

En el encuentro no faltaron las bromas, camaradería, una que otra mala palabra, -especialmente contra el árbitro-, de una hinchada muy heterogénea en cuanto a las nacionalidades, ya que los fanáticos mexicanos llevaron refuerzos con amigos de otros países, con los que tienen vínculos afectivos, académicos, laborales o de negocios, así encontramos a varios ecuatorianos, salvadoreños, estadounidenses, etc., haciendo barra por México.
De acuerdo al puntaje del mundial, México cayó al último lugar del Grupo C y su destino dependerá de la contienda contra Arabia Saudita. México no tiene opción, ganar el partido o regresar a su tierra linda y querida.

Toda derrota es triste, pero los hermanos mexicanos tomaron la oportunidad para disfrutar de sus amistades, de su exquisita y variada comida, de sus licores y para gritar a viva voz el nombre de la amada patria que los vio nacer. Todos comieron, bebieron y hasta bailaron, en nombre del deporte más querido del planeta, para alegría del propietario del negocio que ve en esta contienda una excelente oportunidad para recuperarse de los estragos financieros de la pandemia.
Bendito sea el Mundial de Fútbol, que promueve la integración y hermandad, además de ayudar a recuperarse financieramente a los negocios locales.




























