Todo regresa al orden establecido, felicitémonos y de paso felicitemos a nuestros gobernantes, se restableció el diálogo, las fuerzas dominantes se pusieron de acuerdo, el diálogo dio sus frutos, se llegó a un acuerdo sobre el plan de infraestructura, pieza maestra para relanzar la economía.
¡Felicitémonos!, el diálogo, el poder dialogante del presidente llevó al regreso de los acuerdos bipartidistas, aquellos donde los intereses de la nación están sobre mezquinas consideraciones.
Cierto, el plan original, una ambiciosa propuesta de 2,600 billones de dólares se redujo a 550 billones, ¡felicitémonos!, se regresa al orden establecido, se gobierna para preservar los sagrados intereses de la nación, la elite se frota las manos, y abren las billeteras, somos la nación, somos el “we the people”.
El plan bipartidista recorta; por ejemplo, de 387 billones para viviendas sociales, escuelas y edificios públicos se pasa a 0, cierto, ¿a quién le importa la vivienda social?, la falta de vivienda decente para tantos, aquellos que fueran golpeados duramente por la pandemia, quién que no haya vivido en la pobreza no puede entender lo que es vivir en la pobreza, lo que significa tener un techo que no alcanza a cubrir los sueños, un cuartucho donde se hacinan las esperanzas.
Pero felicitémonos, el plan bipartidista nos regresa al orden establecido, “we” son unos pocos.
Las escuelas, ¿a quién le interesa las escuelas? Las escuelas de ricos no necesitan mejores edificios, mejores espacios para aprender, jugar, investigar, pensar. Sobre todo, 0 dólar para mejorar las escuelas de los desfavorecidos, recuerden enseñarles a pensar es peligroso, se pueden dar cuenta de la realidad y levantarse, pero ¡felicitémonos!, el diálogo les acuerda 0 dólar.
La investigación y el desarrollo quedan fuera del acuerdo, los 363 billones destinados a dar reducción de impuestos para desarrollar energías limpias pasan a 0 dólar. Es más fácil cacarear sobre el calentamiento global que tomar medidas contra el calentamiento global. Cierto, es peligroso, se puede pensar que hay que actuar pensando en el interés de la gente sobre el interés del capital.
Pero ¡felicitémonos!, el acuerdo bipartidista protege los sacrosantos intereses del dinero.
Como vemos, los acuerdos bipartidistas permiten avanzar, cierto, avanzar hacia el pasado, pero eso no se dice.
Felicitémonos y no nos quejemos, mal que mal tenemos responsabilidad en lo que pasa, nosotros los elegimos, en ambos partidos, nosotros los elegimos.
Mirando el futuro con optimismo pienso en la pandemia, ¡felicitémonos!, teníamos todo en mano para derrotarla, no solamente detener su avance, teníamos todo, todo excepto nosotros.
No contamos con ese casi 50 % que se niega a vacunar. ¡Oh!, las excusas sobran: soy joven, fuerte e invencible, soy valiente y desafío a la muerte, si me pasa algo no será grave, soy yo, yo por sobre todas las cosas y creo en mí mismo, mis fantasmas, y no en la ciencia.
Hoy la pandemia avanza, como el acuerdo bipartidista avanza, pero en el sentido contrario a la historia, echó a andar y nos está derrotando.
En el intertanto, estamos botando vacunas; en otras partes del mundo lloran por ellas, nosotros las botamos, alcanzan su fecha de vencimiento, y como junto a tantas esperanzas, se botan a la basura.
Cuando, ¡felicitémonos!, podríamos llegar a un acuerdo entre vacunados y no vacunados para que no se pierdan: si los no vacunados no la quieren, que se nos dé una tercera dosis a los ya vacunados, para que aumenten nuestras defensas, para que derrotemos la peste.
¿Y los no vacunados? Bueno, ¡que coman mierda!, como diría un cierto coronel que no tenía quien le escribiera; la solución estaba en sus manos y se negaron a tomarla.
* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.



























