"No podemos olvidarnos de ningún neoyorquino ' en tiempos de crisis
Por Bill de Blasio
La primera puerta que llamé, a la mañana después del huracán Sandy, fue en la casa de Carmine Merlino , un anciano de Manhattan Beach que necesitaba ayuda médica.
El coche de su familia fue arrastrado por el huracán. La sala de emergencias más cercana era la de Coney Island Hospital y estaba sin luz. Las oficinas de los médicos y las farmacias estaban muy lejos y además estaban cerradas. Al igual que miles de neoyorquinos que quedaron aislados después de la tormenta, Carmine necesitaba ayuda. Conseguimos que el personal de paramédicos fuese a su casa y le ayudara en todo lo que necesitaba.
Durante días y semanas después de la tormenta, detrás de cada puerta que tocamos escuchábamos el mismo mensaje: por favor, no nos olviden.
Lo escuchamos de los inquilinos de la viviendas públicas que van de Coney Island a Rockaways, los cuales quedaron atrapados en los pisos superiores, con una única salida, una escalera oscura y peligrosa. Lo escuchamos de las familias que se quedaron sin electricidad en los barrios de Midland Beach, que no sabían dónde acudir, tenian miedo de abandonar sus hogares en busca de ayuda debido a los saqueadores.
Había comida, agua y ayuda médica para ofrecer a los más necesitados después de Sandy, pero estaba claro que la mañana siguiente de la tormenta sería muy difícil llegar a ellos.
Mi oficina - desde del establecimiento que abrimos temporalmente en Brooklyn - intervenimos para ayudar en todo lo que estaba en nuestro alcance. Movilizamos a 5.000 voluntarios para sondear los rascacielos, barrios residenciales y pequeños negocios. Nos asociamos con los grupos cívicos y religiosos que estaban descontentos con la respuesta oficial. Ayudamos juntos a las personas a conseguir comida caliente y conectar con FEMA.
Presionamos al Ayuntamiento para que el Servicio de Enfermeras Visitantes hicieran puerta a puerta a 3.000 apartamentos en Red Hook Houses para asegurarse de que los inquilinos de edad avanzada, que desde hacía semanas estaban sin electricidad y calefacción, recibieran la atención médica que necesitaban.
La ciudad de Nueva York hizo muchísimo después de Sandy. Nuestros policías y bomberos arriesgaron sus vidas para mantener unidas a las comunidades. Nuestros empleados de Sanidad realizaron milagros a diario para limpiar las montañas de escombros de las calles. Nuestras organizaciones benéficas y voluntarios fueron más allá del llamado del deber y servicio.
Pero cuando se trataba de llegar a todos los neoyorquinos, se requería un especial esfuerzo liderado por parte de la Alcaldía. Cuando llegue la próxima crisis, tenemos que comprometernos y ayudar a toda la ciudad, a todas las comunidades y a los más necesitados - en cada barrio, en cada distrito municipal.



























