EDITORIAL

La historia de la humanidad es la historia de las migraciones que dieran origen a desplazamientos en masa de la población, tanto espontáneo como forzado, e interno y externo; múltiples migraciones han ocurrido desde épocas inmemoriales y, por ende, la actual crisis —en cierta medida distinta e inesperada— en la ciudad de Nueva York no se trata de un fenómeno nuevo.

La migración y el trabajo son derechos humanos inalienables e irrenunciables que deberían ser respetados y atendidos en esta ciudad, que es considerada una ciudad santuario.

Nueva York es reconocida desde hace años como una ciudad de inmigrantes, desde su fundación en siglos pasados hasta la actualidad ha recibido a millones de personas de todo el mundo. Es una urbe con muchos habitantes y gran movimiento comercial, por este motivo encontrar trabajo en New York sin papeles en muchas ocasiones es el único camino que tienen miles de inmigrantes.

Desde hace meses que la situación de inmigración en Nueva York alcanza índices alarmantes. Cada día llegan en masa extranjeros indocumentados en busca del famoso sueño americano, pero la realidad marca también una crisis para la que cada vez hay menos capacidad de reacción.

Emplear a los casi 17, 000 inmigrantes que han sido enviados desde Texas a Nueva York se vuelve todo un reto, esta situación enmarcada en muchas ocasiones por la exclusión y la desigualdad es una realidad.

Una crisis, que incluso, se ha vuelto un tema jurídico tratado en abundancia y con las urgencias que demanda la inestabilidad económica que atraviesa cada inmigrante.

Y en medio de la búsqueda de soluciones que hagan más llevadero el día a día para estos inmigrantes, y que de paso no causen un impacto en los recursos de la Ciudad, crece el llamado para que el gobierno federal otorgue permisos de trabajo a los recién llegados y puedan tener una fuente de ingresos en Nueva York.

Esto ha hecho eco entre líderes y organizaciones defensoras de inmigrantes, quienes piden a la Administración Biden que no deje sola a la Gran Manzana para afrontar este nuevo reto.

En este sentido, ha sido importante la demanda de los concejales de la ciudad para acelerar los tiempos de procesamiento de las solicitudes de autorización de empleo.

Es imperativo que se analice con urgencia el tema del empleo, es inconcebible que un inmigrante tenga que esperar hasta seis meses para poder laborar, no es posible que estas personas estén a merced de dádivas y de brazos cruzados, cuando están en altas capacidades para laborar.

La mano de obra latina es altamente capacitada y productiva y puede llevar a Nueva York a alcanzar un importante crecimiento en la economía de la Ciudad.

Son personas que han dejado sus hogares por deseos de trabajar y obtener mejores condiciones de vida; son personas que llevan impreso un ADN de trabajo; son personas que no quieren ser consideradas una carga, sino un factor importante para el desarrollo económico.

Por lo tanto, es esencial que se asegure a los solicitantes de asilo el derecho de trabajar lo más rápido posible para que puedan construir sus nuevas vidas y paralelamente la Ciudad.

De igual manera, el gobierno federal debe hacer más para coordinarse con los gobiernos del Estado y de la ciudad de Nueva York para brindar apoyo y recursos a los solicitantes de asilo. En lugar de centrarse en la aplicación de la ley, el enfoque coordinado debe centrarse en desarrollar un modelo sostenible de recepción humanitaria

Los ciudadanos inmigrantes enviados desde Texas han visto “las verdes y las maduras” para poder adaptarse, obtener un empleo digno y poder sobrevivir, mientras se resuelve su estatus migratorio, a pesar de las ayudas disponibles que la Gran Manzana ha estado gestionando.

Los solicitantes de asilo necesitan apoyo para vivienda permanente, atención médica, representación legal y educación, para garantizar que no sólo puedan sobrevivir en Nueva York, sino prosperar.

Los permisos de trabajo temporales pueden ayudar a muchos solicitantes de asilo a encontrar trabajos dignos mientras lidian con el largo proceso de petición. Es inhumano hacer la vista a un lado a las necesidades de la comunidad inmigrante indocumentada, a la que no es suficiente asistir con lugares de albergue.

Miles de inmigrantes están viviendo momentos difíciles en Nueva York, entre la tensión emocional que significan sus casos de asilo y la falta de suficientes ingresos, pero tener un permiso de trabajo pronto mejoraría sus condiciones actualmente críticas.

En consecuencia, el tema migratorio —siempre urgente y prioritario— debe ser atendido con intervenciones efectivas y manteniendo el esfuerzo conjunto de promover las necesidades que demanda cada ciudadano inmigrante.

Nueva York, ciudad históricamente receptora de inmigrantes, crisol de culturas diversas y plural en la diversidad de pueblos, enfrenta en la actualidad una de las peores crisis humanitarias, principalmente por la llegada de inmigrantes enviados desde Texas por orden del gobernador republicano Greg Abott.

La reciente afluencia de solicitantes de asilo en Nueva York que buscan refugio en la ciudad es un gran desafío, y ahora más que nunca debe ser un gran ejemplo de colaboración entre las agencias y organizaciones de nuestra ciudad. Nos enfrentamos a una crisis humanitaria y nunca ha sido más claro que necesitan ayudarlos y apoyarlos.

Inmigrantes en Nueva York: “Queremos trabajar legalmente”

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