EDITORIAL
Cuando una ciudad pierde en un solo día a más de tres mil de sus habitantes en un ataque terrorista devastador, - cuyas consecuencias se siente hasta la actualidad-, pero resurge más fuerte y activa, se comprueba la fortaleza de su gente.
Los neoyorquinos históricamente han superado muchas pruebas y la pandemia del coronavirus no va a ser una excepción.
Sin embargo, en este permanente proceso de adaptación a este invisible pero devastador enemigo, el desarrollo de estrategias inmediatas para salvar la industria de los restaurantes se hace urgente.
Muchas de las medidas tomadas han afectado a los restaurantes gravemente y hay una larga lista de los que, han cerrado permanentemente, incluyendo famosos restaurantes latinos en todos los condados.
La confianza en las vacunas, la reactivación paulatina de las actividades en la ciudad, han sido dos factores que erróneamente se han percibido como el retorno a la normalidad, a que ha desaparecido el peligro y la realidad está muy lejos de esta perspectiva.
Una gran mayoría de propietarios de restaurantes consideran que el cierre del cien por ciento de servicio en el interior es una medida dura, quizás indispensable en la lucha contra el coronavirus, pero no deja de percibirse como una medida injusta en el sentido del desbalance ante los esfuerzos que este sector ha realizado.
Los restaurantes, han invertido y transformado sus negocios, sus operaciones, sus diseños interiores, han construido prácticamente otro restaurante exterior y nada de eso ha sido suficiente.
La tardía aprobación del servicio exterior, que debió permitirse con mucha más anterioridad, permitió durante muy poco tiempo, recuperar parcialmente el volumen de ventas.
Las autoridades deben comprender que en la ciudad de Nueva York los restaurantes tienen un funcionamiento muy diferente, es una ciudad muy heterogénea y cada restaurante es diferente, porque se encuentra y sirve a un barrio diferente, una comunidad diferente, con un funcionamiento diferente.
No funciona igual un restaurante en Times Square que un restaurante en Woodside, no funciona igual un restaurante en Hells Kitchen que en el Upper West Side, por lo tanto no se puede ni se deben aplicar las mismas medidas a todos los restaurantes.
No es lo mismo permitir el veinticinco por ciento de capacidad a un restaurante para doscientas personas que en uno para doce personas.
Impedir el servicio al interior, cuando hay innumerables restaurantes que pueden abrir
totalmente sus puertas al aire libre durante el verano, fue estúpido.
Los restaurantes prácticamente han sido obligados a trasladar sus salones de servicio a los clientes al exterior, han sido obligados a construir otro restaurante en el exterior, para que ahora durante el invierno deban cerrarse para mantener el calor en el interior, lo cual es estúpido.
Si en el exterior se debe cerrar para mantener el calor, caso contrario los comensales no van a pasar frío, cuál es el objetivo de que abran en el exterior? Los restaurantes con o sin las instalaciones exteriores han realizado una inversión extra en adecuar todo.
Ha existido una ineficiencia en la implementación de las medidas de prevención porque se ha permitido que los clientes se retiren las mascarillas al interior de los restaurantes, cuando lo correcto era educar a los consumidores para que mantengan sus mascarillas dentro de los restaurantes y solamente se las retiren el momento de ingerir alimentos y bebidas, pero no, nadie educó sobre este particular.
En el exterior, si se mantienen las mesas al aire libre, es posible retirarse la mascarilla, pero ahora, que estos lugares exteriores deben ser cerrados, con plástico y otro material, para evitar el frío, no hay ninguna diferencia con el interior.
Es importante reforzar el control de los contagios exigiendo pruebas semanales a todo el staff, comenzando por propietarios y administradores.
Es importante controlar y reducir el acelerado incremento de ventas de comida callejera, que no cuentan con agua potable para el permanente lavado de manos ni utensilios. Se requiere urgentemente el control y reducción de la venta de productos alimenticios en las veredas de los barrios populares, que promueven aglomeraciones, la manipulación de productos por parte del público y la acumulación de basura y desperdicios en lugares públicos.
Para controlar la pandemia en los barrios populares, que son los más afectados, es importante controlar y terminar con fiestas clandestinas, promocionadas por redes sociales, donde se cobra el ingreso para bailar con DJs, y adquirir alcohol al interior de patios y departamentos privados.
Es necesario ofrecer recompensa a quienes denuncien estas actividades que atentan contra la salud y la vida de toda la comunidad.
La ciudad puede ayudar mucho con los pagos a servicios locales, con multas y tickets, eso no significa permitir el desorden ni el desaseo, significa educar, educar, educar.
Mientras muchos lugares cerrados han vuelto a reabrir con nuevos restaurantes, ninguno está fuera de peligro, mientras no exista una conciencia general de que el retorno a la normalidad depende del esfuerzo de cada persona.
Los restaurantes proveen empleo masivo, generan impuestos, promueven el intercambio cultural, dan vida a la ciudad, no permitamos que mueran, es un muerto muy pesado de cargar.



























