¡Basta!, Mr. Trump

 

Personalmente odio los límites, son barreras que nos impiden avanzar, generalmente nos son impuestos por otros en su beneficio, generalmente van contra nuestros derechos.

Hoy tengo la impresión de que hay límites necesarios, por la salud mental de nuestro pueblo, por la salud de la democracia, aunque esa democracia en sí sea limitada.

No me refiero a los límites constitucionales, puesto que la constitución puede y en algunos casos debe ser cambiada para reflejar nuevos tiempos, para superar llagas de los viejos tiempos, para que defienda el derecho de todos, de una mayoría y no de una minoría. Pese a ello, al decir ¡basta! no me refiero a la constitución, me refiero a un individuo, y no es cualquier individuo, me refiero al presidente saliente de los Estados Unidos, Donald, J. Trump.

Hoy intenta ignorar los resultados de una elección, de un electorado que se pronunció en su contra, no todos, pero sí una mayoría, y esa mayoría le dijo: ¡basta!

¡Basta! del egocentrismo intentando guiar a los Estados Unidos. ¡Basta! de la violencia reinante contra las minorías en las calles de los Estados Unidos. ¡Basta! de jugar con nuestras vidas por oscuros intereses políticos. ¡Basta! de la corrupción y de que los intereses personales de ese individuo y su familia primen sobre el interés general.

Pero, sobre todo, pasadas las elecciones, ¡basta! de intentar negar su resultado. ¡Basta! de triquiñuelas y leguleyadas. ¡Basta! de su silencio criminal frente al resultado. ¡Basta! de minar las bases de la democracia. ¡Basta! de intentar agarrarse del poder. ¡Basta! de intentar salir la frente en alto con un “me robaron la elección, soy el triunfador” para satisfacer su ego, para distorsionar la realidad.

Donald J. Trump, es peligroso, peligroso para la salud mental de los Estados Unidos, para el precario equilibrio del mundo, para la salud física de los estadounidenses.

En la Casa Blanca, cada día más aislado, encerrado en su bunker, desconectado de la realidad y los llamados a la cordura, Donald J. Trump rumia la derrota, vive en un mundo de fantasía, de terror, de enemigos ocultos, su mente se alimenta de supuestas conspiraciones, en las noches ve enemigos acercarse a la Casa Blanca, y alucinado pregunta a su reducido círculo de consejeros,
__ ¿es una revuelta?

Y la respuesta llega desde la calle:
__ ¡No señor presidente, es una elección!

Y sotto voce añaden, nadie lo va a seguir en su delirio, es tiempo de salir, o sale o lo sacan, escoja, señor presidente.

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