EDITORIAL
Los inmigrantes son la base de nuestra ciudad. Durante años, Nueva York se ha beneficiado de manera inconmensurable de la fuerza, el ingenio y la pasión que los inmigrantes traen a nuestra ciudad. El aporte que brinda cada inmigrante al funcionamiento de la economía es determinante.
De ahí la importancia de brindar herramientas que garanticen los derechos de los inmigrantes. Los inmigrantes son una parte innegable de lo que esta ciudad es. Merecen dignidad, oportunidad y respeto.
Sabemos por experiencia que Nueva York ha tenido más éxito al abrazar a los inmigrantes en lugar de despreciarlos. Por tal razón, es importante que se acelere la acción atrasada de la administración Biden para poner fin al Título 42, una política xenófoba que se hace pasar por una medida de salud pública y que ha impedido que las personas soliciten asilo en este país desde marzo de 2020.
El fin de esta estrategia “política” es uno de los más anhelados deseos de la comunidad inmigrante, ya que el célebre “Título 42” fue una perversa reliquia de la era Trump a través de la cual 1.7 millones de personas no pudieron presentar sus casos de asilo.
Desde su implementación, el Título 42 fue un ataque frontal, ya que la orden solo se aplicaba a los solicitantes de asilo provenientes de la frontera sur, no a los residentes permanentes, ciudadanos estadounidenses o turistas que regresaban al país al mismo tiempo. Por lo tanto, no existe una justificación de salud pública para prohibir el asilo.
Aunque muchos estadounidenses apoyan la extensión del Título 42, en Impacto Latino creemos que se debe a un malentendido fundamental de lo que realmente hace la política más que a un apoyo a la política en sí.
Esto conllevó a que en meses anteriores inmigrantes centroamericanos y suramericanos comenzaran a ser expulsados a México bajo el Título 42, una regla implementada por los Centros de Control de Enfermedades para evitar la propagación del COVID-19, pero usada con el objetivo de expulsar a quienes cruzaran irregularmente al país.
Pero, las acciones no pueden esperar, porque hay muchos inmigrantes esperando. Familias que han estado en la frontera durante mucho tiempo. Los refugios están llenos. Hay gente durmiendo en las calles, en carpas muy rudimentarias. En condiciones realmente denigrantes.
Aún queda por ver cómo la administración de Joe Biden aplicará la decisión de la corte a las personas que buscan asilo en el país.
Aunque para entender este debate actual tan polarizado, debemos retroceder la cinta para revisar el daño causado por la administración anterior.
El expresidente Donald Trump puede haber apuntado a los inmigrantes indocumentados en sus declaraciones públicas, pero su administración a menudo se centró en cerrar las vías para la migración legal.
Su administración redujo la cantidad de refugiados a los que se les permitía ingresar a este país, y dificultó que las personas obtuvieran visas y se convirtieran en ciudadanos estadounidenses.
Pero Trump no se detuvo allí, también complicó los esfuerzos de búsqueda de asilo. El asilo debe entenderse como una parte crítica del sistema de inmigración legal en Estados Unidos.
Según las leyes nacionales e internacionales, las personas que temen ser perseguidas por pertenecer a un grupo marginado tienen derecho a buscar protección y residencia en Estados Unidos. Aquellos que llegan a la frontera sur en los puntos de control designados están ejerciendo ese derecho y deben recibir un trato justo y que sus casos sean escuchados.
Anticipándose al final del Título 42, el Departamento de Seguridad Nacional publicó un memorando sobre el aumento de los recursos en la frontera para garantizar que las personas puedan solicitar asilo como tienen derecho a hacerlo por ley.
Hasta que el Congreso acuerde abordar una revisión integral de nuestro sistema de inmigración defectuoso y atrasado, este plan implementará un enfoque más humano para ayudar a las personas que huyen de la violencia, el hambre y la persecución al venir a Estados Unidos.
Según este plan, el DHS aumentará los recursos para apoyar las operaciones fronterizas, incluido el transporte, el apoyo médico y las instalaciones operativas. También reforzarán la capacidad de las organizaciones no gubernamentales (ONG) para recibir migrantes después de que hayan sido procesados.
Aunque deseamos que la administración haya actuado antes, felicitamos al presidente Joe Biden por levantar el Título 42 más de dos años después de que se implementara la política por primera vez.
No sorprende que los republicanos hayan atacado a Biden por hacerlo, y que muchos estados liderados por republicanos hayan tratado de luchar contra esto en los tribunales. Pero nos preocupa ver que algunos demócratas también se han opuesto a la medida para levantar el Título 42. Esto está mal por motivos morales y humanitarios.
Con su eliminación a partir del 23 de mayo, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) procesará a las personas encontradas en la frontera de conformidad con el Título 8, que es el procedimiento estándar que utiliza para colocar a las personas en procedimientos de deportación, y así puedan escoger el destinado que ellos elijan, que en gran mayoría suele ser Nueva York.
Pero, ¿está preparada la ciudad para recibir una oleada gigante de nuevos inmigrantes y hacer valer su título de Ciudad Santuario?
La respuesta es dubitativa, pues, es conocido cómo la oleada de inmigrantes enviados desde Texas y Arizona tomó por sorpresa a la ciudad.
Este es el momento de mantenerse alerta para ir tomando acciones que creen recursos y conexiones humanas y sociales con las que se pueda hacer frente a una posible nueva afluencia de inmigrantes.



























